viernes, 23 de diciembre de 2011

Brillante y Cegador es el corazón cambiante del solsticio de invierno. Ciclo Vital de Maquinista. A-numeral...


fotografía de Cyril Byrne




 


El día en que se me alumbró, cuenta siempre la Vieja
a quien para en su estación, se cantó
en el Bosque de Abajo, a ritmo de fuego lento,
durante toda la noche, esta inquietante canción:


“...hay hoy un brillo extraño en el ojo hambriento del aire,
perfila su párpado un horizonte irreal de niebla profunda y salvaje.
Silueta de árboles en sombra, imposible resulta abrazar su corteza,
abrirla, ir más allá…........................................
............... allá, donde el miedo se congela
porque no existen más que certezas..............

...sólo puede el animal que ahora nace coger un tren,
y viajar, viajar, escapar... para, cada solsticio,
con el universo  entero, regresar...

....pero siempre de vuelta de más allá,
 para que pueda renacer......
..............regresar..........”


Renazco y regreso pues, a mí, un año más, y entre mis Ruinas y Cenizas, mis Fronteras y Murallas (por suerte cada vez más desdibujadas, agrietadas) repaso lo aprendido en este giro, en esta vuelta de la Rueda:

“Las catedrales de antaño, que aún permanecen en pie,
devoraron en su día todas las piedras para asegurarse su construcción,
catedrales, tan hermosas como malparidas, malcriadas doncellas de frío corazón.
Se nutrieron para crecer de pechos llenos
de sudor, brazos y espaldas,
de mutilaciones que nadie agradeció.
Todos se maravillaron al contemplarlas,
mas desde tan altas torres nadie reparó en aquella hiedra,
que era el pensamiento, dolido y subversivo,
de la paralela destrucción que,
al margen de la Corte,
floreció.”

Mientras, aquí, en las orillas de Abajo, en este tren tan humano,
mi caldera –reflejo de mi pasado más ignoto- escupe orgullosa
la ceniza de lo que seré –reflejo oscuro de mi estirpe de carbón.

(Dioses todos, es tan poco divina la catedralicia necesidad
de la humana permanencia
que os pregunto – en voz baja y en secreto -:
¿por qué permitís nuestra estupidez
y el mal uso de tantas manos?...
...pero no os preocupéis, sé que no estáis,
aunque intuyo la posible respuesta,
y es que, simplemente, la necesitamos
para sentir que el viaje comenzó
en algún tiempo que realmente, para otros humanos,
que seríamos nosotros también,
 en algún lugar existió;
un lugar sobre el que el hombre que fuimos
–queremos creer- construyó algo de valor..........
...para –creemos- reconfortarnos en su infinita duración...)

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-         ¡Maquinista, nacido bajo el último latido del signo de Sagitario, es usted “animal, espiritual y digno de lo divino”!- lee maravillado mi hermoso Muchacho en el Diccionario de Símbolos que la Vieja le ha regalado.......Ella sabía que me molestaría, pero también que no puedo evitarlo, es dueña de sus actos......supongo además que es, a su manera, ‘mi regalo de cumpleaños’...........

-         Sí, Muchacho, eso se dice del arquero mitad hombre-mitad caballo. Pero no leas tanto, coge la guitarra, y acompáñame mientras te canto............

“…brillante y cegador es siempre
el corazón cambiante
 del solsticio de invierno /
brillantes sus vástagos,
hijos de la larga noche del Bosque de Abajo...
Su prole: cientos de días que comienzan a  perfilarse
alargados como flechas sagitarias,
volando a lomos del último hombre-arquero,
un ser que por no estar definido,
resulta que es el único completo…………

...brillante y cegador es siempre
el hermoso solsticio de invierno...

brillante y cegador....
.......................el solsticio....el invierno......”

miércoles, 7 de diciembre de 2011

...no es un corazón...(Pasado Remoto de Revisora.1)

foto de George Oze - Raíces de Ceiba
(...incapaz como me siento últimamente de mantener diálogos verdaderos, valiosos, ni siquiera monólogos internos que echen raíz -por falta de tiempo, sí, pero también de lucidez mental- y dado que la Revisora me encerró hace unos días durante unas horas y se hizo cargo de la máquina, intuyo que tiene ganas de reivindicarse a sí misma, de volver a ser algo más que aquélla que revisa...así pues, para descansar yo y para dejar que vuele ella, saco de la maleta un texto de hace mucho tiempo, de cuando ni siquiera, de hecho, existía este nuevo tiempo de ahora, y no se imaginaba que sería algún día Revisora... y mucho menos soñaba con recuperar el latido que ahora la llena...........................) 
 
                         (…no es un corazón...)



("...descubrí a Dios parcial y limitado. Siempre compartiendo su soberanía con un adversario que opta por la vida. Fuerzas de atracción y repulsión, los polos de la Tierra con sus corrientes, el ritmo de las estaciones, el día y la noche, el negro y el blanco... todo es una lucha.
El infierno: contradictoria polaridad perpetuada en nosotros.
El amor: un centro de gravedad oscilando entre cloacas y hemorragias..."
                                                                                  La otra parte, Alfred Kubin )



(...sé que lo que tengo entre las piernas no es un corazón, pero a veces late tan fuerte como si fuera el único que tengo... y ya no sé con cuál de los dos amar... ni a quién...)

...lo miro a mi lado y sé que me acompaña sincero, que le gusta estar ahí, que su sonrisa no es automática ni autoimpuesta y que, por más vueltas que le doy, no encuentro pliegue ni doblez alguna en su caricia; sé que cuando llega y estoy en la cocina, sacudiendo la sartén a ritmo de Rubén Blades -... se ven las caras, se ven las caras, vaya, pero nunca el corasón... -, y me agarra por detrás, tan suave y violento, y me descarga todo su aliento en el cuello, no desea más que estar allí donde está, haciendo lo que hace, agarrando a quien agarra, y respirando contra el cuello sobre el que respira; y sé que cuando se va a duchar y le digo "¿por qué mejor no te doy yo un baño?" de repente me quiere más que a su madre - esa otra mujer que lo bañó hace siglos -, y se le pone cara de burrito y se deja hacer...

...pero después de la lucha y de la cena, del baño y la caricia, cuando nos tiramos en el sofá, yo me subo al techo y suspendida me miro a su lado, que deseo estar allí, me gusta... pero no me encuentro más que dobleces y recovecos y cloacas...

...y me veo subida a lo más alto y lejos de mis ojos, contemplando mi Reino, mis Tierras de Adentro, y me descubro allá abajo, desnuda en el Valle del Vientre, multiplicada por mil hombres en la selva y dividida en cada una de las hogueras con que respondo a una sonrisa cómplice de un extraño cruzando la calle, a una mirada de esas que se clavan dardo en las tripas, a un roce de una pierna hirviendo en el autobús...
...y me acuerdo de la amnesia total que me provocó la mano de aquel chico - por no hablar de sus ojos... - que se extendió al compás de la mía sobre aquella joya... (ahí sí que fui una puta, que le sonreí como si acabara de aprender a hacerlo y le dejé llevarse el libro... los dos conscientes de que aquella maravilla desterrada de catálogos no la volvería yo a ver... a menos que me fuese con él... y juro que habría dado lo que fuese por irme con él...)

...y viéndome desde allí arriba me doy cuenta también de que a veces lo trato como si fuera el grifo de la cocina, puesto ahí utensilio para que yo beba... y me acerco a él, y me agacho sobre el fregadero, abro y dejo que salga el líquido elemento, y bebo, sí, pero después cierro el grifo y me olvido al instante de que él se queda ahí, en su sitio, cerrado, mientras yo me voy descalza a otro cuarto... o me quedo también allí, en la cocina, canturreando y cocinando, sin ni siquiera darme cuenta de que las cebollas peladas las recojo del huerto de su mano...

...y enseguida a mi garganta se le olvida que acaba de beber, y se me retuerce de sed, como todo el aire de un tornado encerrado en un puño, y me ahoga fuerte el pecho, y descubro que con él estoy tan a gusto que me entran náuseas y que me quiero morir... o desaparecer...

...y contra el mareo cruzo un túnel, uno donde soñar aquella fuente en Guatemala, otrora cristalino centro del mundo... y pienso en la salvaje boca del flautista, comiéndome los pechos, lamiéndome la mano, silbándome en el pelo... y sus dedos, insectos revoltosos inventando melodías en mi cuello, agarrándome siempre como si me fuera a besar...

(... ¡Vivan los hombres que la agarran siempre a una como si la fueran a besar!...)

...y me imagino en la cima de ese muchacho, convertida en brisa que se mece suave sobre las copas de los árboles, en violento río que alimenta la raíz...

...y pienso también en las increíbles estelas mayas, recuerdo pétreo de ya imperceptibles manos, y en las casas de Antigua, cada una de un color, y en las que cada esquina, ventana o puerta se convierte en excusa para el más refinado adorno, y en sus iglesias y sus santos estrambóticos, y en el Cristo que feliz vestía falda rosa y collares de colores, y una corona no de espinas sino de flores, bendito sea... y en los hombres de Livingston, Caribe negro puro y duro, sensuales bamboleos descalzos sobre las alas de sus bicis, el tambor a cuestas, el fuego en la mirada y la vida entera en la sonrisa...

(...y aquí los unidimensionales siguen creyendo que son pobres...)

...y pienso en la Ceiba, el árbol símbolo nacional, que se agarra al suelo como si fuera una enorme mano retorcida que un dios pájaro hubiera hundido en la arena para sujetar la selva; una mano aferrándose a esa tierra como si fuera la espalda de una madre, para después crecer y elevarse hasta 30 metros por encima de ella... y que se muestra orgullosa de estar ahí, como si en verdad amara con toda su savia esa tierra en concreto, no la tierra en general ni cualquier otra tierra, sino, repito, ESA TIERRA...

...la veo y no puedo evitar pensar que "Ceibe" en gallego significa "libre", y que quizás fue un gallego el que llegó hasta allí y, al ver la determinación con que ese árbol se aferraba a ese suelo, la llamó Ceiba, porque quizás se dio cuenta al verla - no cabe duda de que es una mujer... - de que estaba allí no porque una semilla arrastrada por voluntad de vientos la creció sin pretensiones, inevitable, sino que lo estaba por amor, porque quería y deseaba estar allí, porque ella misma, dirigiendo vientos y corrientes y estaciones, recorrió el mundo en busca de un lugar, el suyo, hasta que descubrió la tierra más hermosa de todas y allí enterró su mano, su raíz...

...completamente libre en la elección...

...y me miro a mí, congelada Ceiba flotando sobre el triste lago del amanecer, con el ancla al lado y esta imposible losa encima, que oprime porque sólo se le talla un nombre a cada estela, y soy yo entonces el tornado encerrado en siete letras, retorcida incluso la sangre...

...y cojo rumbo hacia tiempos no por no vividos olvidados, y sé que no es justo que le diga que le quiero cuando sé que es porque no he querido a otros, lejanos y soñables... porque no he visto a los hombres recoger sus barcas en el Ganges, ni al gaucho afilar su cuchillo en la piedra de la luna, ni me ha cogido al vuelo jinete Mongol alguno, ni he ayudado en Ushuaia al hombre que pone nombres a las cosas, ni he bailado descalza sobre la tierra roja de África en el centro de un círculo de dioses de negra piel y duro hueso...

...no os he conocido a todos para saber dónde debo enterrar la raíz...

...porque sé que no puedo en esencia dejar de desear, que soy incapaz de querer por necesidad... que aunque acepto la reclusión a simple vida, y yo misma incluso aprieto fuerte la cadena del cuello y dibujo mi cara con el maquillaje de la novia, en cuanto me rascas la espalda, amor, o me doblas una esquina, puedes ver el tenebroso manto de punzante escama que protege a los diminutos bichos que posibilidad infinita de movimiento me corren por debajo de la piel, los que no me dejan dormir por las noches, los que me caen gota a gota con cada gota de saliva y se me vuelan partícula infinitesimal en cada rayo de sol, los que atacan desde dentro del pulmón... los que me aterran...

(...y sé que lo que tengo en el pecho es un corazón, pero a veces se me des-late tan hueco, que ya no sé si algún día me servirá para amar... a quién...)


martes, 15 de noviembre de 2011

Baile de Insectos... El azar y la Casualidad... Viajeros 2. (Sin billete...)

 Ilustración 'Grasshopper's Ball - 6' (1927) - desde surrenderdorothy




(‘......................danzan en noviembre los insectos grises, ajenos
a nuestra indiferencia, nuestro olvido. Los insectos,
esos despreciados y bellos seres, devorados
por los horrendos y hermosos pájaros,
 cuyas coloridas plumas, despreocupados, contamos.................’)


Hay días en que no dormir es casi un acto reflejo. Una rebelión 
contra la mañana, o el hastío de acostarse sólo a descansar. 
No dormir, ese rincón donde esconderse. 
De todo el horror y la belleza del mundo.
Sí, de ambos por igual.....................

Y es que algunos días parece el cielo estallado 
obra de un dios estúpido, caprichoso,
y otros parece el mundo estrellado 
obra de niños sonrientes, jugando...
Sea como fuere, sea cual sea el lado de la realidad, no conozco
la hora exacta de mi necesidad. El color o forma de las figuras
que atraen a mi tacto. Palabras para poner orden

(‘...la dulzura del pasado es a menudo devuelta
por la memoria con aroma ácido...’)

y hierros para enjaularlo. Simplificarme en un único gesto
para así hacerme narrable. Poder decir que la ropa que me cubre
realmente me viste. Y desvestirme al tiempo de complejidades inventadas,
para volver a ser invisible. Ser la paz de ser todo y nada.

(...........a veces, simplemente, sobran palabras. Faltan silencios.
Horas. Dudas. Manos. Miradas.......¿sobran?.........¿faltan?.......)

Algunos no hacen otra cosa en la vida más que luchar, aunque no sepan
apenas nada del coraje. De la contención del puño. Del mundo.
El mundo, ese intercambio continuo y desigual. Y el cielo,
ese túnel que vuelve siempre hacia atrás. La casualidad,
esa escalera por la que cae un niño o se desliza danzando el azar.
Aprendemos todos entonces a reconocer su pasamanos como un tobogán.
Comprendemos su verdadera función. Golpea cada peldaño la bola que rueda. 
Y, con ella, la memoria que cae. La alianza, la derivada inevitable 
que somos de la infancia. El presente formal y su sinsentido. Estricto, abismal.
La caligrafía rota al final. Y, otra vez, la escalera. La casualidad. 
El no tomar en vano la molestia de pensar. Tampoco tomarse en serio 
la molestia de no pensar....................................

Tararean allá abajo, junto al río, los insectos borrachos. Y aquí,
creciendo entre mis brazos, las ganas de bajarme del tren y abrazarlos.

(....................................¿se alcanzará este tren a sí mismo alguna vez...?
¿...hará memoria de la memoria sin falsedad...? ¿Será -seré-  capaz?
No es posible para él, en esencia, discurrir como el cielo, hacia atrás.
Desavanzar. Y ser. Una pre-profecía de sí.........o quizás...............sí..........)


...hay días en que dormir no es más que un acto reflejo. El trasfondo poético
de cada estado de ánimo, una huida... de un día, una mañana, un hastío.........
...o una mera coincidencia subjetiva. Una escalera. El azar. La casualidad.......


.......................o un baile de insectos..........y todos a danzar......................

sábado, 29 de octubre de 2011

Aparece el cuerpo fragmentado...semilla de la energía solar...(Mapa Eléctrico. 1. Borrador)

foto de Daniel CC


(…pensó Epicuro una vez que ‘en nada se parece
a un simple mortal quien vive entre bienes imperecederos’…
…y me atrevo a añadir yo que tampoco se le parece
‘………quien entiende la electricidad………’…)


….no sé si guía el Amor este tren, o si es el tren el que lo transporta, lo arrastra,
sobre las vías, Muchacho, hacia algún tipo de inevitable –y desconocido para mí- azar. 
Se enciende y se apaga esa luz todo el rato en mi cabeza. Es pura electricidad.
Aparece en mi mente el cuerpo fragmentado pero aún así amable, y su fragilidad
se hace deliberada al mostrarse como medio material o recurso estético
para desconozco todavía qué fin. Consciente como es de que, haga lo que haga,
en algún momento llegará a un final. Hagámonos visibles los cuerpos todos pues,
siendo conscientes de que vamos a morir. Recorramos el duro camino
de la continua búsqueda de afecto sin efectos especiales, ni tampoco más efectos personales  

que un hatillo amarrado a un simple pero hermoso palo que sirva siempre para sujetarnos,
nunca para golpear o amenazar. Ni a nosotros ni a los otros. No caigamos
en tan sucio lodazal. Miremos tras la imagen dibujada en la vidriera.
Adivinemos bajo los finos surcos trazados qué delicadas manos la conformaron. 
Contémonos algo a nosotros mismos (no ya a los demás) de nuestro pasado. Algo 
que aún no sepamos. Y dejemos al mundo en silencio…………………………………
……que descanse el mundo de nosotros……y nosotros con él………todos en paz……

Muchacho, las raíces absorben el agua y la comida del suelo…y también sirven
de ancla al árbol, fijándolo firme en tierra. La hoja parece débil, pero es
sabiduría y fuerza toda ella; sabe valerse para crecer
de la esencia de la energía solar. Es poderosa y eterna……
…y aunque sabe que caerá, se alimenta y se agita igual, disfruta el viento,
el agua y el sol. Es una amante radical. Incluso cuando cae
y se la pisotea, regala un crujido, un estruendo, una melodía magistral.
Concentra en sí misma el Universo durante ese ínfimo, efímero sonido. Lo hace vibrar………

Cae la tarde, me cuenta Muchacho, y describe entusiasmado la belleza 
del reflejo de un árbol sobre el lago que ahora dejamos atrás. Y mientras le escucho,
no puedo evitar pensar en los signos delatores de los humanos…
Caderas, vértebras, cráneos…; nuestro tronco, tallo.
Ligamentos, sangre, tendones…; savia y ramas.
Humores, latidos, emociones…; frutos y bayas.

Me imagino con su relato el lago del futuro, el que en unas horas será
cuando esté bajo la luna, con el cielo invertido, vertido, como un reflejo,
sobre él; imagino las ondas que producirá en ese futuro ‘ahora’,
de repente convertido él mismo, por obra y gracia de ese reflejo,
en un acuoso cielo estrellado………hasta que vuelva a amanecer…………



(...cantaba Tíbulo en sus Elegías que…’ya vendrá la Muerte,
oculta en sombras la cabeza,
ya nos arrebatará la edad inerte
y no convendrá amar, ni decir caricias
con la cabeza cana…’…pero por ahora callo,
no es momento aún de explicarle esto a Muchacho,
él, que todavía es joven, un dios inmortal,
no se merece la pena de conocer su destino humano,
él, que aún es pura electricidad…………)

viernes, 28 de octubre de 2011

Mis ojos son mis manos...mis manos mis ojos....(Viajeros alados.1. Pájaros líquidos en un hueco de un vagón...)

foto de Maquinista - Pájaros Líquidos




Estoy ciego, por eso mis ojos son mis manos y mis manos son mis ojos.
Con ellos te veo y te toco. Aunque también soy pájaro,
ser alado, viajero de un cielo caleidoscópico,
y con mis alas te arropo. Y lucho contra el viento del pasado
y la gravedad del silencio. Evito que caigas al vacío. Y te convierto
a ti también en ser alado. Para un futuro dulce vuelo.


(A veces sucede así, aparecen de repente viajeros alados en algún hueco
de algún vagón. Se abrazan un rato y se funden, como pájaros líquidos,
en la caldera de mi pecho, con el carbón.........................................)

jueves, 13 de octubre de 2011

Extracto de crisálida...mecánica celeste... (Observaciones de Maquinista. 1)

 dibujo by Cascarin



“…dejará (la crisálida) la memoria donde ardía…” Quevedo


Hay días en que siento la (in)certeza de que a mi alrededor
la velocidad del cambio propio y la del ajeno no coinciden.
Ni la marcha……ni el tempo…….ni las manos…………ni las vías……………
Entonces pienso en ejércitos marchando, exhibiendo
sus terribles triunfos, escondiendo sus grandes fracasos,
y sé que es sólo un espejismo…porque…¿qué esconde un desfile en realidad,
si no se distingue siquiera un rostro…ni al principio ni al final………?…………….
¿ves acaso al primero de la fila?....resulta que tiene un nombre pequeño y simple…
Y él también tiene en su casa un rincón, una pequeña esquina,
en la que acumula polvo y nunca limpia…como yo y Muchacho,
en nuestra esquina, en el tren, en la cabina……………………………………………………..

En cambio, siento como absoluta la certeza de que
el extracto de crisálida es intransferible por mucho que lo quieran envasar.
Y me estallan en el pecho sus futuras alas. Su color y vida. Todo su potencial.
Es el secreto de su esencia como la más complicada derivada,
una hermosa enredadera con forma de integral.
Retorcida de un extremo a otro pero no por ello imposible de solucionar.

Además no importa. Porque, queramos o no, SERÁ.

(“..porque hay un algo solemne que lo sujeta,
en suspensión coloidal,
una nota musical que lo mantiene,
agudo, en un tono alto. Por siempre…más allá…”)


La Naturaleza aborrece el vacío, la falta de consciencia de la propia mortalidad.
Los que no quieren saber son desesperadamente peligrosos.
Tienen la llave, pero no quieren encontrar la cerradura. No quieren abrir ni cerrar.
Sus cuadernos y diarios marcan siempre las mismas fechas,
van siempre en la misma dirección. Son todos
aparentemente distintos pero tienen todos el mismo olor.
Es bueno ser uno más, no me malinterpreten, pero
a veces hay que recuperar las funciones poético-vitales……y dejarlas respirar…
Describir matemáticamente el movimiento de los planetas
en sus órbitas alrededor del Sol no es malo. Es vital. Es parte esencial de la poesía más elemental,
aunque, también a veces, se nos olvida, y condenamos a la mecánica celeste
a la herejía de la frialdad. Reivindico, pues, hoy sus leyes,
y me infecto a mí mismo con el virus de la ceguera a la elección.
Elijo mi giro, mi órbita, sin saber por qué…………………………………………………..

ya justificaré más tarde, con otro tempo, esa elección……………………………. 

(…sun shines better on the other side of you…
...sun shines...)

viernes, 7 de octubre de 2011

...en la basura...........(Objetos y Seres Perdidos. 1. Conversación antigua -y fuera de lugar....)

 foto de autor (por mí) desconocido.

...en la basura...



- Buenos días, ¿podría hablar con el jefe de sección?

- Buenos días. Está usted hablando con él, más o menos…

- ¿más o menos? ¿no es usted D. Mauricio Herrera?

- Uy, no. Soy mejor que eso, soy D. Gabriel de la Torre Más Alta.

- Di…disculpe. No sé si es usted mejor o no, pero si no es él, no me sirve.

- Hombre, tampoco es para ofender. Es malo decidir si alguien sirve o no sirve sin tan siquiera haber charlado con él al menos un par de minutos.
- Disculpe…no…no quería ofenderle. Es sólo que necesito hablar urgentemente con ese señor.
- Mujer, ¿de veras cree que si no habla con él ahora mismo, su vida se verá

sacudida por un terrible cataclismo? Me parece que le confiere usted demasiado poder sobre su destino al tal Mauricio, con quien doy por hecho que no tiene apenas trato, puesto que lo nombra como “Don” y “ese señor”.
- Pues claro que no tengo trato con él, faltaría más. No, si ahora me va a decir que no sabe quién es.
- Pues no. Sé quién soy yo, y no necesito saber más.

- ¿y se puede saber dónde vive? Porque para no saber quién es él…; no, si al final me va a salir la llamadita por un ojo de la cara…
- Yo soy amo y señor del basurero, madame, y aquí vivo.

- ¡¿en el basurero?!

- Sí, el basurero. Y no se preocupe, la llamada no le costará…dinero.

- ¿Qué ha querido decir con eso?

- Antes de que cuelgue yo se lo explico, se lo prometo, pero, por favor, primero

cuénteme cuál es el rasgo más característico de su personalidad, de qué fuente de energía le mana a usted esa lucecita que en el fondo somos todos.
- Mire, lo siento, pero no tengo tiempo para esto.

- Umm, problemillas con los sustantivos…

- ¿Sustantivos?

- Sí, ha dicho “tiempo” y debería haber dicho “ganas”. Además, es una gran mentira lo de “no tengo tiempo”, ya que el tiempo es lo único que podemos producir al instante, de cada momento pueden generarse mil más…
- Pues a lo mejor tiene razón y lo que no tengo son ganas, así que…

- ¡Incertidumbre!

- ¿Cómo dice?

- Su característica. De pronto me parece que podría ser esa. Sí, quizás usted sea una luz temblorosa y vacilante, muy hermosa, sí, pero incierta.
- …

- ¿He acertado?

- Po…podría ser…pero.yo…tengo que…

- Agradecería que dejara de usar tan desagradable verbo.

- Pero, ¿qué he dicho ahora? Por Dios…

- “Tengo que, tendría que, tuve que…” ¿No se cansa de tanto tener? Si al final

acabamos por olvidarlo todo, o perderlo, o esconderlo…o tirarlo a la basura.

Nunca llegamos a compartirlo, cuantos más “tengos” tenemos, menos

compartimos. Ese verbo hay que usarlo sólo para las cosas importantes. Pero, ay, dejemos este tema tan sombrío. ¿Qué le parece…si le cuento yo el mío?
- ¿Qué “mío”? ¿de qué habla ahora?

- Mi rasgo más característico. Qué fácil se pierde usted, niña, ni que fuera Dorothy. Bueno, ahí va: la despreocupación. Aquí donde me escucha, yo no me preocupo por nada; desde siempre he sabido que llevo el triunfo pegado al cuerpo como una segunda piel y que no debo preocuparme por lo que no puedo controlar, que lo que haya de ser será… Esto solía decirme siempre mi abuela quien, por cierto, además de quererme mucho, pero sólo a mí, era una mujer despiadada. Ya desde niña apuntaba maneras. ¿Sabe qué hacía las sofocantes tardes de verano? Esperaba a que las gallinas que andaban sueltas estuviesen lo suficientemente aturdidas por el sol y el calor como para dejarse coger sin armar mucho jaleo y, entonces, les machacaba entre dos piedras los picos y las patas…las desorientaba por completo y de por vida…y a sabiendas. De mayor se dedicó a hacerle básicamente lo mismo a mi abuelo… Pero bueno, ¿quién no ha tenido al menos una abuela despiadada?...
- Pues yo no, y casi hasta me ofenden sus palabras. Mi abuela era una mujer

fascinante.

- ¿Cómo de fascinante?

- No sé…siempre he sentido que sólo tenía que ser ella misma para convertirse en un ser fabuloso.
- Querida, es lo más bonito que he oído en toda la mañana –mentira- Bien, bien, usted se deja llevar y contesta como Dios manda. ¡Aprovechemos!
- Está bien, charlemos. Permítame que le diga que creerá usted que es la

“despreocupación”, pero yo diría que más bien es “el desconcierto”.

- ¡Ja, ja! Me ha pillado. He de pedirle perdón porque la he engañado un tantito

así…poquito… Hablé de un único rasgo característico para que no se sintiese

apabullada por mi personalidad, pero no hay ninguno que pueda definirme por sí solo. Al menos, necesito tantos como días tiene un año. Aunque va por
temporadas, ¿a usted no le sucede así?

- Supongo que eso le pasa a todo el mundo, ¿no?

- Muy bien, ¡este es el espíritu!, escúcheme y responda, que lo está haciendo muy bien. – ni por un segundo imaginó el amo del basurero que esta llamada de hoy le saldría tan a cuenta. ¡Podría contar como mínimo cinco mentiras y once secretos! El júbilo y la exaltación crecían y se hacían fuertes dentro de él… - Por ejemplo, en estos últimos tiempos me he concentrado en “la ilusión”.
- ¿Se refiere a la magia?

- Me alegra que mencione esa palabra, siempre da suerte al que la oye, gracias, pero no, no me refiero a lo que usted probablemente entienda por magia. Yo le hablo del gran motor, de la ilusión infantil, de la fe ciega, de la esperanza. Siempre he creído que la ilusión es lo mejor que un hombre puede tener, y por fin eso es exactamente todo lo que tengo (¿lo ve? Yo también uso este verbo pero SÓLO PARA LAS COSAS IMPORTANTES) De hecho, un día cogí todo lo que tenía, material e inmaterial, lo fundí, lo refundí y lo convertí en pura ilusión. Creo que podríamos decir que yo mismo soy sólo una ilusión. Me di un nuevo nombre, uno especial, y me convertí así en un ser sorprendente.
- En fin, la modestia está claro que no entra en su lista…Bueno, ¿y qué es lo que, según usted, lo hace un ser sorprendente? Si se puede saber, claro…
- Obviaré su tonillo jocoso y proseguiré como si tal cosa. Ejem…a ver, me ha

preguntado…

- Que qué cree usted que lo hace tan increíble.

- Oh, eso. Fácil: “Siga la pluma”.

- Ay, mire, si se pone así, yo cuelgo…

- No, mujer. Que digo que lo que me hace ser como soy es que yo rijo mis acciones por la máxima “Siga la pluma”.
- ¿Y eso qué narices significa?

- Pues eso, que siga la pluma. Mire, todo el mundo quiere oír “siga la flecha”,

porque así no tienen que hacer elecciones ni tomar decisiones, no tienen que

valorar la situación, sólo tienen que dejarse guiar. Pero, siga la pluma…ah, eso ya es otra cosa, amiga mía. Una flecha dibujada no es más que fruto de la
intencionalidad (de la de otro, no de la propia y, he de admitir, eso de que me

dirijan siempre me ha parecido un fastidio). Una pluma que te encuentras, en

cambio, es fruto del azar. Siga la pluma, sí, pero ¿qué pluma? ¿la primera que vea, la que más me guste, la más grande…? ¿cuál será? Y aquí es donde entra el pálpito, mi adorado pálpito. Uno ha de dejarse guiar por ese ser misterioso que todos llevamos dentro y que sólo responde a sus instintos y caprichos. Ese ser que, o bien intentamos soterrar bajo los convencionalismos (trabajo tremendamente fatigoso ya que, si este es el camino elegido, nos ocupará toda la vida) o bien...vivimos según sus normas y, como su abuela, nos convertimos en seres fascinantes sólo con existir, ¿no cree?
- Puede ser.

- Ay, señorita, profundice un poco más en cada tema, es irritante verla surcar la superficie todo el rato.
- ¿Qué?

- Lo siento, es que no me gusta la gente que se queda siempre en la superficie o que, como mucho bajan un par de centímetros. O, más bien, no me gusta la gente que se queda ahí arriba y se olvida de vivir al máximo, aprovechando cada momento con todas sus consecuencias. A mí me gusta bucear…
- ¿Bucear? ¿y qué tendrá que ver eso con…?

- El buceo es algo maravilloso, muy íntimo. Personalmente, hay pocas palabras que se me antojen tan sensuales como “inmersión” … Pero hace mucho que no lo practico…hace meses que no avistamos ningún otro barco, estamos solos en este mar de basura…
- ¿Por qué habla usted en plural? ¿acaso hay alguien más ahí?

- Todo en mi vida me recuerda, a cada momento, que estoy solo, que no soy más que primera persona singular. En las cosas buenas está bien, lo voy llevando, pero las malas…de esas prefiero hablar como si fuéramos dos, como si tuviera compañía en la adversidad… ¿comprende?
- Su…supongo que sí, no sé…

- ¿Cómo no sabe? Uno ha de saber siempre si comprende o no, es de las pocas

cosas fáciles de la vida.

- Bueno, creo que lo comprendo pero no estoy segura… además, a mí me parece difícil…
- ¿el qué?

- ¿el qué qué?

- que qué le parece difícil… ay, otra vez perdida…

- ¿qué va a ser?, Comprender, es de lo que estábamos hablando.

- Ah, pero… ¿nos conocemos?

- ¿Cómo dice? Está usted… Creo que voy a colgar. Sí, tengo que irme.

- ¡No! Por favor, no se vaya, se lo suplico. A veces olvido que la avaricia mató al gato y que no debo querer llevarlo todo al extremo. Discúlpeme…
- Está bien. Respóndame una cosa: ¿por qué no se va usted a casa y deja el

basurero?

- ¿y por qué habría de hacerlo?

- Digo yo que siempre estaría más cómodo que ahí.

- Allí no me espera nada ni nadie. Sólo hay trastos quedos, mudos, cubiertos de polvo. Ni un solo aliento recorre la casa; imagínese una naturaleza muerta si quiere, a mí me parece la Muerte a secas.
- Por lo menos deje el basurero, es inhumano vivir ahí.

- ¡Ja! Esa sí que es buena. Si no fuese por la mano del hombre nada de esto estaría aquí, así que de inhumano nada, pero no vamos a discutir tonterías ahora, ya hemos hablado de lo que opino sobre la superficie… Me quedo porque me gusta estar aquí, me gusta vivir donde la magia un día se pudo tocar y donde también ahora habita toda esta basura.
- ¿y puedo saber por qué le gusta eso?

- Simple, estoy aprendiendo a compartir.

- ¿eh? ¿con quién?... ¿el qué?

- Ay, niña… En esta vida uno sólo comparte aquello que va descubriendo, sólo

contamos mentiras o secretos, que es de lo que está llena la basura. (Para enseñar la verdad ya están los ojos y la piel) Y eso hago yo aquí, descubrir mil vidas a cada paso que doy, extrayendo de todas la esencia para poder compartir lo que de ellas logre aprender con quien ha de venir. ¿Sabe usted cuántas veces alzo los brazos al día para ofrecer a este basurero una V de Victoria?
- Pues… no… no sé cuántas… ni sé por qué…

- Creo, señorita, que tiene usted también un serio problema con las preposiciones.

- ¿Cómo?

- Sí, ha dicho: “no sé por qué” y la pregunta correcta sería “para qué”.

- Yo no he preguntado nada, sólo he dicho que…

- ¿de veras cree que no ha preguntado nada? Empiezo a creer que es usted una de esas personas que en la puerta tienen un letrero que reza “Bienvenidos a esta casa” pero que viven encerradas en el precepto de “cava en tu interior tan profundo como puedas, y no dejes entradas”.
- No sé por qué tiene usted que ser tan desagradable conmigo.

- No me malinterprete, niña, no pretendía ser desagradable, sólo sincero (que, por cierto, si no me equivoco, creo que no le viene nada mal un poco de sinceridad, ¿verdad?)
- ¿qué quiere decir con que “no me viene mal”? ¿qué sabrá usted de mi vida?

- Uy, a estas alturas de la conversación sé todo lo que necesito saber.

- ¿ah, sí? ¿y qué sabe?

- Es una pena despedirse así, pero bueno… sepa que no le hablaré sobre qué es lo que ya sé de su vida, no quiero incomodarla mostrándole lo obvias que son sus miserias y flaquezas, sólo le diré lo que va a hacer ahora y lo que vendrá después: en este mismo instante le ronda ya por la cabeza la idea de colgar, y lo hará en un minuto escaso, dada su naturaleza melindrosa. El problema es que, debido a que esta conversación se ha producido gracias (o desgracias, ¿quién sabe?) a un increíble fenómeno, que no se me permite explicarle más que a grandes rasgos, estamos ambos subyugados a sus normas. Este asombroso fenómeno consiste en que aquí, en el basurero, de vez en cuando, aparecen teléfonos rotos, sin cables, con las teclas sueltas, e incluso a veces son sólo los auriculares, como en este caso. Estos teléfonos y auriculares, el día que llegan, igual que los gallos que aletean y corren todavía un rato aún después de haber sido decapitados, persiguen y dan caza a una llamada. Es conmovedor ver un pedazo de plástico que lucha por tener una última utilidad, por ser una vez más aquello para lo que fue creado…antes de ser basura… Y así, captan las ondas de una llamada que, casi siempre, es la de alguien tan desesperado como ellos… Y aquí estoy yo, siempre con mi silla
plegable a cuestas, preparado para abrirla y sentarme a charlar en cuanto se

presente una emergencia.

- De verdad que está usted…

- Antes de que cuelgue déjeme advertirle de lo que habrá de venir: este auricular no es más que eso, no tengo la base del teléfono sobre la que poder colgar y cortar nuestra comunicación, ni cable con qué sujetarlo y hacer que forme parte del aparato para así completar el ciclo. Por tanto, no puedo colgar. Usted colgará, sí, pero yo no. Le pediría (suplicaría más bien) que no piense en mí, que no me llame en sueños, pero sé que es del todo inútil. Usted colgará, intentará seguir con su vida como hasta ahora, y podrá hacerlo…pero sólo al principio. Pasados un par de días comenzarán los pequeños zumbidos atravesando con mi voz a lomos su cabeza y, en una semana, estará ya obsesionada conmigo y con saber de mí. Por ahora no hace falta que me crea, pero cuando se dé cuenta de que esto es verdad, acuérdese de una cosa: no me llame para llorar conmigo, cuénteme mentiras o secretos, o ambos, lo que usted prefiera, pero no llore, por favor. No se olvide de dónde vivo…y que son muchos ya los que me llaman…
- Lo…lo…lo siento…adiós…

- No, niña, es hasta pronto. Veo que tendremos que trabajar también las

interjecciones, pero de eso ya me encargaré yo, que en la basura hay muchas para compartir…………………………………………………