jueves, 4 de agosto de 2011

...como la hierba que crece, extrañamente, junto al mar... (Paradas. 1. Donde el amor a veces no...)

foto de Wayne Duguay 



A veces el amor no es un espejismo, y la paz que lo envuelve
es como la hierba que crece,
extrañamente, junto al mar…………..................................



Había una casa de madera blanca, parecía vieja pero sólo era
que había sido vivida de verdad. Cada pared un cimiento. La sal.
El porche mirando a la cara al sol. La luna siempre encima. O detrás.

La gente del pueblo no solía llegar hasta allí, había quien juraba
que no se atrevía a acercarse. No podían siquiera mirar.
Vivía en ella un hombre enfermo, y junto a él una mujer.
Un amante y su cuidadora. Pero no malinterpreten los términos,
él simplemente la amaba y ella sólo cuidaba de su alma. Y al revés igual.
Lo físico y mundano no eran trabajos sino del día. Y si alguien
les hubiese preguntado cuánto se querían, los dos se habrían reído.
No se basaba en la matemática el contrato. Básicamente, porque no había.


No hay mucho más que decir o detalle que mencionar. Si acaso la brisa.
Y repetirla, como un eco, como se repite la liturgia en cualquier misa…………



Así de hermosa, amor y sacro era aquella parada…………………………………….
………………………………….y la hierba meciéndose, dulcemente, junto al mar.

2 comentarios:

  1. Que bonito, Maquinista....sin más, así de sencillo, elocuente y bonito

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viajeros que han cogido el tren.......