jueves, 11 de agosto de 2011

Los perros salvajes...nuestra bandera...(Tren correo. 1. Primera carta de maquinista a Muchacho.)

foto de un tal Jorge, de Chile...no sé...



Los jueves me habían parecido siempre un día triste, aciago.
Como vacíos de olor, de dulzura, de sentido. Raros.
No había nunca nada especial que hacer, sólo mover la máquina.
Hasta que llegó Muchacho………………………………………………………………
Él, al ver cómo agonizaba en ellos y me dolían,
decidió que desde entonces el segundo jueves de cada mes
haríamos de tren correo, y llevaríamos sólo misivas. Ningún pasajero.
Nada de vidas ajenas dejándonos por todos los rincones su rastro.
Viviríamos sólo las nuestras y, si acaso, imaginaríamos de lejos
las de los demás, abriendo una carta de cada saco.
Y también desde entonces, decidió él (porque a veces toma el mando),
que nos escribiríamos una carta nosotros también, y nos la entregaríamos
al siguiente mes. Viviríamos casi treinta días en la dulce ilusión de la espera
del no por conocido menos intrigante porvenir. Una misiva por mes.
Ése es el trato desde ese día. Y se basa en el amor.
No se puede no cumplir………………………………………………………………..

(…ésta es la primera carta que, torpemente, yo, que nunca había escrito a nadie,
le entregué a Muchacho. Las imágenes estaban claras en mi mente,
no sé si él las pudo ver. Pero me lo agradeció con un gran abrazo,
y con una carta que, por sincera y hermosa,
 me rompe el corazón cada vez que se la oigo leer……)


“Muchacho, sabes que no soy de adornar a las personas con motes ni cariño.
De hecho, cuando llegaste aquí te quité tu nombre y te dije ‘desde hoy,
si quieres quedarte conmigo, serás sólo lo que eres, un muchacho.
Eres joven, eres hombre, no hay más que decir.’
Por esto, y sólo por esto, cada una de mis cartas
empezará siempre así, llamándote Muchacho. Pero te quiero.
No lo olvides sólo porque no te adjetivizo.
Ennn finnn, comienzo, y espero hacerlo bien………………………………………………

…cada vez que los perros salvajes corren persiguiendo el tren
me haces feliz contándome cómo brillan abajo en el río,
danzando sobre su propio reflejo como fantasmas de espíritus sagrados.
Tocas para ellos la armónica durante un rato, mientras nos acompañan.
Y me emociona cómo tú mismo te emocionas cuando, al ver que les falta aliento
y se van quedando atrás, acercándote a la ventana asomas medio cuerpo
y aúllas con todas tus fuerzas, en un grito de hermandad.
Sé que para ti son también compañeros de viaje, y que te gustan más
que los humanos que dejamos subir al tren. Los sientes más cercanos.
Sobre todo cuando se acaba la tarde, y se va muriendo el sol.
Sólo lo vi una vez, pero su recuerdo perdura, y puedo imaginarlo
cubierto por el humo de nuestra chimenea. La fina niebla que nuestro rastro
sobre él dibuja. Esas nubes de humo, que un día dijiste que eran
‘las únicas verdades del progreso, que tragarías como lo que son:
promesas de vapor servidas para cenar.
Deliciosas y blancas como un pedazo de pan.’ Lloré ese día al oírte hablar.

Me gusta también cómo bailas mientras se quedan atrás,
moviéndote como un loco ser vibrante, desenfrenado,
que sabe que en algún otro momento se los encontrará.
Y que, aún siendo otros perros, los mismos perros serán.
No precisas de pelajes tatuados para reconocer a un igual.
Y también por esto te admiro, Muchacho, por tu capacidad de admirar.

Además de tu baile con los perros, adoro tu costumbre de saludar a las aves.
Tu silbido hace ameno mi viaje. ¿Dije ameno? Por la Música, perdóname.
Muchacho, te he puesto aquí un muy pequeño y deslucido traje.
Debería poder encontrar mejores adjetivos, más grandes y brillantes.
Eres paz, eres calma, eres color, eres alegría…tú mismo eres un ave.

No sé qué luna ni qué sol te trajeron hasta aquí, qué camino trazaron,
confabulando entre los dos para juntarnos, pero agradeceré por siempre
esos pasos que te condujeron a mí. Por ti nació este viaje.
Sí, lo confieso, fue aquel día en que sentí que caías del cielo,
y después del mortal salto apareciste aquí. A mi lado. Como si no pasara nada.
Y recuerdo también la primera vez que descarriló el tren.
Sé que estuve herido, porque dolorido me desperté. Y allí estabas,
y sonriendo me espetaste aquel ‘¡cómo me alegro de que no estés muerto!’,
que fue incluso mejor que oírte decir ‘¡cómo me alegro de que estés vivo!’.
Esa sinceridad en tu mirada fue sobrecogedora, y aún lo fue más
la que le sobrevino, cuando te pregunté ‘entonces, ¿vas a portarte bien
y me vas a obedecer?’ y me miraste con sarcasmo y dijiste dulcemente
‘no se pase, padre’. Así fue que me adoptaste y yo, Muchacho,
me dejé. Y en cierto modo te adopté también, aunque la decisión fue tuya.

Por último diré que adoro cómo dejas nuestra bandera
en cada estación en la que paramos. Rompes un pedazo de ese traje tuyo
Y lo conviertes en un recuerdo hermoso de nosotros. Una medalla.

Nuestra bandera, ondeando triunfante en cada puerto de metal.’



6 comentarios:

  1. Veo el humo sobrevolando los vagones conjurando y confabulando una energía que ha de ser. Un enlace adoptado pero a pie de máquina. El nivel hipodiegético del discurso diría el académico. Ya atrás me sumergí en estos carriles para sentir la fuerza y el preludio de un deber, que es vivir. Tienes un modo impreciso y bautismal para manejar este tren. Impreciso porque las cartas que abres dejan en filo, al muchachito. Me encantará saber si corresponderá.

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  2. Me cuenta Muchacho que percibes el humo y la energía de nuestro tren. No sabes cómo lo agradezco. Me cuenta también que entiendes la naturaleza de nuestro enlace,y eso me llena de alegría.
    Sabias palabras las de que vivir (para la Vida, que es quien alimenta, y por eso mismo, la que manda) es un deber. El ser humano, tan torpe casi siempre en sus razonamientos, le da la vuelta y cree que vivir es un derecho, y que poco tiene que hacer.......pobrecillo.....
    Agradezco también que sepas de mi imprecisión en el manejo de la máquina, elimina bastante la presión que me oprime cuando percibo la nefasta necesidad de algunos pasajeros que piensan que la finalidad del viaje es completarse...pobrecillos ellos también.
    Las primeras cartas de Muchacho ya están escritas, pero le encanta jugar con los viajeros, y al saber de tu intriga por su correspondencia me ha pedido que por ahora no las desvele, así que haré su voluntad. Porque le quiero, y le quiero contentar.

    Un beso y un abrazo, Rider. Y feliz viaje, sea a donde sea que quieras viajar (en mi tren cada uno elije a donde va, mi misión aquí es sólo vivir, y alimentar la caldera....)

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  3. Habitan en mi ser huestes que anhelan viajar en los vagones que esta locomotora, empuja.

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  4. Intrigados nos deja, señor Rider, con si las huestes serán ejército beligerante o seguidores ciegos de la causa. En cualquier caso, estamos para ambos preparados, y de paso prepararemos también los mejores vagones para ustedes, que bien se los merecen....

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  5. Quiero quiero quiero... lo digo con la boca de un niño pequeño ....quiero quiero quiero ver otra vez el viaje en marcha ....quiero quiero quiero... seguro que no soy el único. Atravesar montañas, valles, y cielos. http://www.youtube.com/watch?v=O1Lf8FVY99o

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  6. Gracias por tan hermosa canción de mi amada Bessie, mi Reina, mi Emperadora....
    .......y quiere quiere quiere...con la boca enorme de la máquina este maquinista...quiere quiere quiere...que pongamos otra vez el viaje en marcha..........y no es el único, Muchacho salta de alegría y lo pide él también (cualquier tiempo del verbo querer repetido tres veces es justo como suena ahora el ritmo de este tren, curioso que lo haya adivinado, Mr. Rider......;)))))

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viajeros que han cogido el tren.......