viernes, 23 de diciembre de 2011

Brillante y Cegador es el corazón cambiante del solsticio de invierno. Ciclo Vital de Maquinista. A-numeral...


fotografía de Cyril Byrne




 


El día en que se me alumbró, cuenta siempre la Vieja
a quien para en su estación, se cantó
en el Bosque de Abajo, a ritmo de fuego lento,
durante toda la noche, esta inquietante canción:


“...hay hoy un brillo extraño en el ojo hambriento del aire,
perfila su párpado un horizonte irreal de niebla profunda y salvaje.
Silueta de árboles en sombra, imposible resulta abrazar su corteza,
abrirla, ir más allá…........................................
............... allá, donde el miedo se congela
porque no existen más que certezas..............

...sólo puede el animal que ahora nace coger un tren,
y viajar, viajar, escapar... para, cada solsticio,
con el universo  entero, regresar...

....pero siempre de vuelta de más allá,
 para que pueda renacer......
..............regresar..........”


Renazco y regreso pues, a mí, un año más, y entre mis Ruinas y Cenizas, mis Fronteras y Murallas (por suerte cada vez más desdibujadas, agrietadas) repaso lo aprendido en este giro, en esta vuelta de la Rueda:

“Las catedrales de antaño, que aún permanecen en pie,
devoraron en su día todas las piedras para asegurarse su construcción,
catedrales, tan hermosas como malparidas, malcriadas doncellas de frío corazón.
Se nutrieron para crecer de pechos llenos
de sudor, brazos y espaldas,
de mutilaciones que nadie agradeció.
Todos se maravillaron al contemplarlas,
mas desde tan altas torres nadie reparó en aquella hiedra,
que era el pensamiento, dolido y subversivo,
de la paralela destrucción que,
al margen de la Corte,
floreció.”

Mientras, aquí, en las orillas de Abajo, en este tren tan humano,
mi caldera –reflejo de mi pasado más ignoto- escupe orgullosa
la ceniza de lo que seré –reflejo oscuro de mi estirpe de carbón.

(Dioses todos, es tan poco divina la catedralicia necesidad
de la humana permanencia
que os pregunto – en voz baja y en secreto -:
¿por qué permitís nuestra estupidez
y el mal uso de tantas manos?...
...pero no os preocupéis, sé que no estáis,
aunque intuyo la posible respuesta,
y es que, simplemente, la necesitamos
para sentir que el viaje comenzó
en algún tiempo que realmente, para otros humanos,
que seríamos nosotros también,
 en algún lugar existió;
un lugar sobre el que el hombre que fuimos
–queremos creer- construyó algo de valor..........
...para –creemos- reconfortarnos en su infinita duración...)

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-         ¡Maquinista, nacido bajo el último latido del signo de Sagitario, es usted “animal, espiritual y digno de lo divino”!- lee maravillado mi hermoso Muchacho en el Diccionario de Símbolos que la Vieja le ha regalado.......Ella sabía que me molestaría, pero también que no puedo evitarlo, es dueña de sus actos......supongo además que es, a su manera, ‘mi regalo de cumpleaños’...........

-         Sí, Muchacho, eso se dice del arquero mitad hombre-mitad caballo. Pero no leas tanto, coge la guitarra, y acompáñame mientras te canto............

“…brillante y cegador es siempre
el corazón cambiante
 del solsticio de invierno /
brillantes sus vástagos,
hijos de la larga noche del Bosque de Abajo...
Su prole: cientos de días que comienzan a  perfilarse
alargados como flechas sagitarias,
volando a lomos del último hombre-arquero,
un ser que por no estar definido,
resulta que es el único completo…………

...brillante y cegador es siempre
el hermoso solsticio de invierno...

brillante y cegador....
.......................el solsticio....el invierno......”

miércoles, 7 de diciembre de 2011

...no es un corazón...(Pasado Remoto de Revisora.1)

foto de George Oze - Raíces de Ceiba
(...incapaz como me siento últimamente de mantener diálogos verdaderos, valiosos, ni siquiera monólogos internos que echen raíz -por falta de tiempo, sí, pero también de lucidez mental- y dado que la Revisora me encerró hace unos días durante unas horas y se hizo cargo de la máquina, intuyo que tiene ganas de reivindicarse a sí misma, de volver a ser algo más que aquélla que revisa...así pues, para descansar yo y para dejar que vuele ella, saco de la maleta un texto de hace mucho tiempo, de cuando ni siquiera, de hecho, existía este nuevo tiempo de ahora, y no se imaginaba que sería algún día Revisora... y mucho menos soñaba con recuperar el latido que ahora la llena...........................) 
 
                         (…no es un corazón...)



("...descubrí a Dios parcial y limitado. Siempre compartiendo su soberanía con un adversario que opta por la vida. Fuerzas de atracción y repulsión, los polos de la Tierra con sus corrientes, el ritmo de las estaciones, el día y la noche, el negro y el blanco... todo es una lucha.
El infierno: contradictoria polaridad perpetuada en nosotros.
El amor: un centro de gravedad oscilando entre cloacas y hemorragias..."
                                                                                  La otra parte, Alfred Kubin )



(...sé que lo que tengo entre las piernas no es un corazón, pero a veces late tan fuerte como si fuera el único que tengo... y ya no sé con cuál de los dos amar... ni a quién...)

...lo miro a mi lado y sé que me acompaña sincero, que le gusta estar ahí, que su sonrisa no es automática ni autoimpuesta y que, por más vueltas que le doy, no encuentro pliegue ni doblez alguna en su caricia; sé que cuando llega y estoy en la cocina, sacudiendo la sartén a ritmo de Rubén Blades -... se ven las caras, se ven las caras, vaya, pero nunca el corasón... -, y me agarra por detrás, tan suave y violento, y me descarga todo su aliento en el cuello, no desea más que estar allí donde está, haciendo lo que hace, agarrando a quien agarra, y respirando contra el cuello sobre el que respira; y sé que cuando se va a duchar y le digo "¿por qué mejor no te doy yo un baño?" de repente me quiere más que a su madre - esa otra mujer que lo bañó hace siglos -, y se le pone cara de burrito y se deja hacer...

...pero después de la lucha y de la cena, del baño y la caricia, cuando nos tiramos en el sofá, yo me subo al techo y suspendida me miro a su lado, que deseo estar allí, me gusta... pero no me encuentro más que dobleces y recovecos y cloacas...

...y me veo subida a lo más alto y lejos de mis ojos, contemplando mi Reino, mis Tierras de Adentro, y me descubro allá abajo, desnuda en el Valle del Vientre, multiplicada por mil hombres en la selva y dividida en cada una de las hogueras con que respondo a una sonrisa cómplice de un extraño cruzando la calle, a una mirada de esas que se clavan dardo en las tripas, a un roce de una pierna hirviendo en el autobús...
...y me acuerdo de la amnesia total que me provocó la mano de aquel chico - por no hablar de sus ojos... - que se extendió al compás de la mía sobre aquella joya... (ahí sí que fui una puta, que le sonreí como si acabara de aprender a hacerlo y le dejé llevarse el libro... los dos conscientes de que aquella maravilla desterrada de catálogos no la volvería yo a ver... a menos que me fuese con él... y juro que habría dado lo que fuese por irme con él...)

...y viéndome desde allí arriba me doy cuenta también de que a veces lo trato como si fuera el grifo de la cocina, puesto ahí utensilio para que yo beba... y me acerco a él, y me agacho sobre el fregadero, abro y dejo que salga el líquido elemento, y bebo, sí, pero después cierro el grifo y me olvido al instante de que él se queda ahí, en su sitio, cerrado, mientras yo me voy descalza a otro cuarto... o me quedo también allí, en la cocina, canturreando y cocinando, sin ni siquiera darme cuenta de que las cebollas peladas las recojo del huerto de su mano...

...y enseguida a mi garganta se le olvida que acaba de beber, y se me retuerce de sed, como todo el aire de un tornado encerrado en un puño, y me ahoga fuerte el pecho, y descubro que con él estoy tan a gusto que me entran náuseas y que me quiero morir... o desaparecer...

...y contra el mareo cruzo un túnel, uno donde soñar aquella fuente en Guatemala, otrora cristalino centro del mundo... y pienso en la salvaje boca del flautista, comiéndome los pechos, lamiéndome la mano, silbándome en el pelo... y sus dedos, insectos revoltosos inventando melodías en mi cuello, agarrándome siempre como si me fuera a besar...

(... ¡Vivan los hombres que la agarran siempre a una como si la fueran a besar!...)

...y me imagino en la cima de ese muchacho, convertida en brisa que se mece suave sobre las copas de los árboles, en violento río que alimenta la raíz...

...y pienso también en las increíbles estelas mayas, recuerdo pétreo de ya imperceptibles manos, y en las casas de Antigua, cada una de un color, y en las que cada esquina, ventana o puerta se convierte en excusa para el más refinado adorno, y en sus iglesias y sus santos estrambóticos, y en el Cristo que feliz vestía falda rosa y collares de colores, y una corona no de espinas sino de flores, bendito sea... y en los hombres de Livingston, Caribe negro puro y duro, sensuales bamboleos descalzos sobre las alas de sus bicis, el tambor a cuestas, el fuego en la mirada y la vida entera en la sonrisa...

(...y aquí los unidimensionales siguen creyendo que son pobres...)

...y pienso en la Ceiba, el árbol símbolo nacional, que se agarra al suelo como si fuera una enorme mano retorcida que un dios pájaro hubiera hundido en la arena para sujetar la selva; una mano aferrándose a esa tierra como si fuera la espalda de una madre, para después crecer y elevarse hasta 30 metros por encima de ella... y que se muestra orgullosa de estar ahí, como si en verdad amara con toda su savia esa tierra en concreto, no la tierra en general ni cualquier otra tierra, sino, repito, ESA TIERRA...

...la veo y no puedo evitar pensar que "Ceibe" en gallego significa "libre", y que quizás fue un gallego el que llegó hasta allí y, al ver la determinación con que ese árbol se aferraba a ese suelo, la llamó Ceiba, porque quizás se dio cuenta al verla - no cabe duda de que es una mujer... - de que estaba allí no porque una semilla arrastrada por voluntad de vientos la creció sin pretensiones, inevitable, sino que lo estaba por amor, porque quería y deseaba estar allí, porque ella misma, dirigiendo vientos y corrientes y estaciones, recorrió el mundo en busca de un lugar, el suyo, hasta que descubrió la tierra más hermosa de todas y allí enterró su mano, su raíz...

...completamente libre en la elección...

...y me miro a mí, congelada Ceiba flotando sobre el triste lago del amanecer, con el ancla al lado y esta imposible losa encima, que oprime porque sólo se le talla un nombre a cada estela, y soy yo entonces el tornado encerrado en siete letras, retorcida incluso la sangre...

...y cojo rumbo hacia tiempos no por no vividos olvidados, y sé que no es justo que le diga que le quiero cuando sé que es porque no he querido a otros, lejanos y soñables... porque no he visto a los hombres recoger sus barcas en el Ganges, ni al gaucho afilar su cuchillo en la piedra de la luna, ni me ha cogido al vuelo jinete Mongol alguno, ni he ayudado en Ushuaia al hombre que pone nombres a las cosas, ni he bailado descalza sobre la tierra roja de África en el centro de un círculo de dioses de negra piel y duro hueso...

...no os he conocido a todos para saber dónde debo enterrar la raíz...

...porque sé que no puedo en esencia dejar de desear, que soy incapaz de querer por necesidad... que aunque acepto la reclusión a simple vida, y yo misma incluso aprieto fuerte la cadena del cuello y dibujo mi cara con el maquillaje de la novia, en cuanto me rascas la espalda, amor, o me doblas una esquina, puedes ver el tenebroso manto de punzante escama que protege a los diminutos bichos que posibilidad infinita de movimiento me corren por debajo de la piel, los que no me dejan dormir por las noches, los que me caen gota a gota con cada gota de saliva y se me vuelan partícula infinitesimal en cada rayo de sol, los que atacan desde dentro del pulmón... los que me aterran...

(...y sé que lo que tengo en el pecho es un corazón, pero a veces se me des-late tan hueco, que ya no sé si algún día me servirá para amar... a quién...)