sábado, 29 de diciembre de 2012

domingo, 9 de diciembre de 2012

Escala de Grises. Viaje antieléctrico. -3.



                                                                                                         Dibujo de Laura Lío



 



vestimos su hogar


trepamos a los árboles
y hacemos fruta
eléctrica e insípida
 como la noche que vestimos
la noche

sobre su brillante hogar 


 º

somos sombras de perros
al sol
una escala de grises
contra el mundo, quemando el tiempo
todo en cenizas y ya nada
aguarda, en el aire todo
se queda frío y apenas nada
respira ya

sobre el suelo



                                                         David Nash




el amo de la antigua noche
ha dicho basta
 no quiere poseer
nunca más el mundo
 
sobre su corazón





                                                                                        Keiji Kawashimi - Orden y Caos



apagadas al fin las luces volverá
a ser timón
para efectuar el giro que quiebre
el brillo falso, el duelo
 por la noche pre-eléctrica, aquella
que brillaba desde dentro
de sí misma y hacía sentir
al viajero
en la oscuridad, la pertenencia
de la propia piel

sobre la propia piel


y

a lo lejos
sobre los raíles
las chispas y nosotros
un sueño eterno


                              Robert Ernst Marx - Legion of loose ladies


 

llenamos de nostalgia
sus ojos, la memoria oscura
de antes de la electricidad
a todas horas
 antorchas y bruma

sobre su sueño enfermo





(vestimos su hogar)
y después, sobre el humo
(el nuestro)
les olvidamos
y nos alejamos
cantando


sobre el mundo




                                                       (everything) Unknown

 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuevos horizontes.

 Obra de Hua Yen



Comienza el tiempo de escuchar
el sonido de la nieve el latido 
azul intercostal 
el oro durmiente 
bajo el blanco escudo
sostén de la mañana.

El refugio para los viajeros del agua
oculto 
bajo el manto transparente del oxígeno diluido
bajo la armadura de sal 

me espera. Ya tengo la dirección
y a su búsqueda me entrego.

Nuevos horizontes, a vosotros voy.   

domingo, 4 de noviembre de 2012

Pièce de résistance. Viajeros Apátridas. 6/3.




 foto de Revisora


“Tenía la vocación para pintar, pero no el talento. Incluso hoy en día, me sigo preocupando exclusivamente por la relación de pasión y fuerza en un cuadro, como un poeta que dedicase todo su esfuerzo a la perfección de las rimas y el equilibrio rítmico”.

“Dibujo en función del color que quiero pintar, es el conjunto, la gama. He abandonado un cuadro rojo en primavera, porque hace demasiado calor, y luego lo he retomado en otoño, porque ya empieza a hacer un poco de frío, y entonces pinto el rojo, pero no lo puedo hacer mientras hace calor”.

María Helena Vieira da Silva



La geometría caótica del viento. Su fuerza combativa. Su potencia de frenado o arrastre según la posición del objeto a manipular. Como un cuerpo bailando en la feria.

La pasarela sobre el río y la brisa. Los cuerpos.
El amor para sobreponerse al mundo.




 Vieira da Silva



Las ondulaciones internas de la fiesta, la corriente de viento propia que genera y que sólo es perceptible a los sentidos de la memoria cuando se abandona el campo bailado. Mientras permanecemos en la feria somos sólo destellos, roce, mirada y gesto. No hay continuidad espacio-temporal. Giramos cogidos de las manos, confiamos en la fuerza centrífuga de la melodía. El color se vuelve un generador de temperatura más potente que una caldera o un ventilador funcionando al máximo de sus posibilidades. Piensen en sudor y rojo. He ahí la prueba. He ahí la fiesta.

También la feria vista de lejos sigue siendo fiesta, con sus colores suavizados por la pupila distante, los azules, violetas, amarillos, rojos,…, de los puestos, las luces, los farolillos de papel, todos dispuestos como una membrana protectora de ese minúsculo universo que discurre jubiloso, ajeno a ese otro mundo que queremos pensar más real que la ensoñación festiva, sólo para poder soportar su falta de excitación continua de los sentidos.




 Arpad Szenes


Pero incluso el descanso es embriagador en la fiesta. Y buscamos la caricia lejana de los paisajes infinitos de Arpad. La calidez intuida en el frío. La ternura. Acoger el vuelo del ave o la mano que se nos tiende en la lejanía del tiempo congelado, el que no existe más que en sí mismo, ése en el que no existiremos nosotros jamás.

Y después la tierra, la arcilla, el envés de esa mano introduciéndose hasta el fondo en esa textura de víscera y entraña. La materia de que están hechos los músculos de la Tierra. El corazón universal.


 Arpad Szenes



Y a lo lejos la sedienta lengua del perro junto al pozo rojo. Brillando minúsculos y aún así majestuosos en la inmensidad de la imagen.

Y otra vez el frío. Los blancos, los semi-azules de después del azul. Los claros para intuir la oscuridad, o vencerla.

Convertir dos líneas en algo sublime. Entender su esencial importancia en el todo arquitectónico. Suprimir el giro, la ligereza, el chorro incesante de color para así detener el tiempo. Y el dolor. Pues nada duele en este bálsamo oleoso hecho cuadro y materia de permanencia sutil. Aquí, donde ya no existe la fiesta. Ni el frío. Ni el azul.


 Vieira da Silva


6 de marzo de 1.992. Muere María Helena.

Contra toda xenética e historia,
María Helena Vieira da Silva foi meu pai
aquel día…seis do tres…

sábado, 6 de octubre de 2012

Abrigo para ir caminando el otoño... (Ecos y trinos.1.)




 Shoreline, de Graham Dean




..............................................…sólo los ecos de la memoria dicen

dónde estuve, quién soy 

a través de ayeres y montañas,

allá, a lo lejos, lo que fui 

permanece, permanece, permanece

dicen una y otra vez los  ecos

hasta llegar a ese punto en que pierden

el compás y ya no hay búsqueda posible

hacia atrás, todo fragmentado, o diluido,

hojas quebradas en tierra mojada

como las infinitas grietas de aquella imagen

aparentemente fija en el espejo

de las aguas, las pupilas,

esas que resultaron ser, tras mucho ser,

dunas

en ese desierto que de mí navego

para cegarme, una y otra vez,

ante la realidad

ese continuo declinar del verbo no-saber,

ese tintineo permanente de hojas nuevas, campos frescos,

juntos conmigo, mecidos todos

por el suave trino de los pájaros

de la brisa, y la vida arropándonos

alegremente

con su misterioso abrigo

para ir caminando el otoño…..






 Mazanges, de John E.C. Piper

martes, 11 de septiembre de 2012

Budapest en la Orilla. Paradas imantadas. 1.


foto de Revisora




 
Sobre la orilla oeste, remo inmóvil
tierra adentro para tejer bien
lo fino de lo sagrado que
desde ayer
alimenta todo río
del futuro, limo fértil.

Acá en Budapest,
la palma de la arena, la mano
desenroscando                        un muelle

para naves       -navegable

en toda su extensión,
en la línea, la curva contenida,
la demarcación sobre lo efímero
el aire, inexistente y tan así, tan dentro
la lluvia por venir

me despertó la sed
                       
                        cerca del bosque

y me fui al mar
puente  límite de lo impreciso
para poder allí, en el azul borroso
conocer la exactitud, la cantidad
y variar la dirección, la medida
de la orilla enroscada
en mis pies, ésa que precisaban
mis pies, tan hechos
para no alcanzar

antes de la lluvia lo profundo
        
antes de lo profundo lo profundo…


-bajo la orilla el mar


domingo, 9 de septiembre de 2012

Los trabajos y los días. Música dominical. 3.

Hombres y truenos, todos a cubierto. Siéntense junto a la strange lady si quieren escuchar mejor la flauta que viene de abajo, de muy abajo...


Men at work. Land down under...


 Traveling in a fried-out combie
On a hippie trail, head full of zombie
I met a strange lady, she made me nervous
She took me in and gave me breakfast
And she said,

"Do you come from a land down under?
Where women glow and men plunder?
Can't you hear, can't you hear the thunder?
You better run, you better take cover."

Buying bread from a man in Brussels
He was six foot four and full of muscles
I said, "Do you speak-a my language?"
He just smiled and gave me a vegemite sandwich
And he said,

"I come from a land down under
Where beer does flow and men chunder
Can't you hear, can't you hear the thunder?
You better run, you better take cover."

Lying in a den in Bombay
With a slack jaw, and not much to say
I said to the man, "Are you trying to tempt me
Because I come from the land of plenty?"
And he said,

"Oh! Do you come from a land down under? (oh yeah yeah)
Where women glow and men plunder?
Can't you hear, can't you hear the thunder?
You better run, you better take cover."



martes, 21 de agosto de 2012

Amor, nunca hambre. Catecismo interno. (Diario de Muchacho. 1.)



foto de Revisora



Muchacho iba creciendo, y como todo aquello que en la naturaleza crece, sentía la angustia de su propia metamorfosis, al mismo tiempo que comenzaba a vislumbrar el poder que de todo cambio se deriva, la fuerza del ser por encima de lo externo. Percibía lo que subyace a todo anhelo, lo oscuro y lo placentero, la verdad inherente a los secretos, las mentiras inevitables en cada grito escupido al viento…  
Comenzó por aquel entonces a hacer preguntas de toda índole, incluido aquello que, ingenuamente, creí, deseé, que nunca le interesaría: la religión. Así, aquella mañana, una vez llegados a los campos de hibisco, cambió su semblante y anunció muy serio que quería parar en la estación de Montenegro. Nunca antes había pedido nada, y mucho menos variar el rumbo de la locomotora, pero esta vez surgió de detrás de su voz otra nueva, una que ni siquiera él conocía, y que nació porque necesitaba reclamar. Se puso más recto que nunca y, muy solemnemente, me comunicó que quería entrar en la pequeña iglesia que había en la cima de la colina. No negaré que me disgustó la idea sobremanera, pero pasada la inicial turbación, recompuse mi vieja voz y dije ‘Ve’. Detuve el tren y le dejé marchar.
Era inevitable que sucediese esto algún día. Al tren suben todo tipo de viajeros, incluidos aquellos que de vez en cuando van a esta pequeña capilla a dejar sus ruegos, llevándose a cambio a veces esperanzas, a veces decepción. Más siempre se produce algún cambio interior.
Tiene gracia, ahora, al recordarlo, me doy cuenta de que lo más ridículo es que él fue por simple curiosidad, simplemente quería saber qué hacía aquella gente allí, y si su espíritu estaba hecho para la religión o si, por el contrario, le llegaba con saberlo ahí, llenando su cuerpo y mente, y que no precisaba más que sentir su propia esencia en comunión con todo lo que le rodea; mientras, yo me quedé en el tren, rezando como nunca antes lo había hecho, pidiéndole a Dios que no le engañase y no se lo quisiera llevar. Yo, hablando con ése al que, aunque respeto, no sigo, ni en él creo…yo rezando, tan contra natura…



(Esto es lo único que Muchacho escribió aquel día en su diario, aquel que comenzó a redactar el día en que abandonamos la estación de Pristic, de la que hablaremos más adelante….)

‘Eran as formas do caos, non do vacío
-e confundinas.’ Pilar Pallarés
(Eran las formas del caos, no del vacío
-y las confundí)

Mi propia mirada abre túneles tras mis párpados
y gracias a mi espíritu veo la vida a plena luz.
Y es en esta vida, esta luz, este tren, en lo que yo creo.

Los sentimientos se mezclan y se pisan unos a otros,
Este lugar proporciona paz, ciertamente, pero es por la piedra y la humedad,
el fresco cobijo. Nada más. Escribiré a toda prisa, intentando traer a mi mente lo que allí sentí, sólo por ver si tengo razón o me engaño a mí mismo al afirmar lo que arriba he escrito…


Yo, hasta entonces ser
casi inerte, tan contra natura,
como un animal salvaje obeso
sucediéndome en cautiverio, como si nunca
hubiera sido otra cosa, como si siempre
la inmovilidad interna de lo que acontece
dentro del incesante movimiento
del tren, fuese su energía más potente y antigua,
mi fuente a sus pies. Arrodillarme
y beber con la voracidad
de la lucha inevitable de todo
huérfano. Exactamente como el germen
que dio semilla
a esta tierra, cualquier tierra, adivinanza
a pleno sol, en la sombra
aquello que ha de venir
después de que todo haya acontecido, finalizado
para que pueda ser olvidado. El comienzo
se encontrará ahí de nuevo, en el margen más líquido
del gas noble, tan contra natura su estado,
sin reaccionar ante nada. Inmóvil
pero puro. Su perfección parece
al necio un insulto, mas al paciente
todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos
…esta lucha con Dios a muerte. Dios. Tan contra natura
y sin embargo…a sus pies sus fieles, arrancándose los ojos,
mas casi con total seguridad
lo hacen por hambre, no por amor… 

…tan contra natura…


Me reafirmo pues, y grabo en mi interior el conocimiento de que  
es únicamente mi mirada la que abre túneles tras mis párpados.
La que me conduce a través de mí mismo y me lleva
hasta mi corazón.

domingo, 12 de agosto de 2012

Llámenme Al. Cuestión de reajustes internos. (Mantenimiento des-mecánico 1.)


En todo viaje hay siempre incidentes y accidentes,
reajustes internos. Trabajos de mantenimiento.

Enn finn, que este tren sufrió hace poco un 'intento de mejora' por parte del cuerpo técnico, pero en lugar de una mejoría estética se produjo un empobrecimiento terrible en su aspecto, estructura y disposición geométrica. Un fiasco, vamos. Pero como dicen en Polonia, esperemos que 'po katastrofie' (después del desastre), todo tenga un color nuevo, y que brille, que brille!
Mientras tanto, como todo está patas arriba, yo les llamaré a todos ustedes 'Betty' y ustedes pueden llamarme 'Al'...



(Nota: el álbum Graceland de Paul Simon es uno de los mejores discos de la historia. Y este concierto en Zimbabwe...........no words...........there were angels in the architecture spinning in infinity ;))

martes, 7 de agosto de 2012

Norma 06. London Calling y Emma responde...

foto de Revisora (Serie London Calling - Norma '06)


Hoy encontré este poema que colgué hace un tiempo en
un comentario en el fabuloso blog de Emma Gunst 
Me apetece compartirlo. Sin más. 
Surgió de una entrada suya en la que explicaba que
había un poema de Cristina Peri Rossi muy visitado, 
nombraba a Marilyn y llegaban seres hambrientos
de todas partes del mundo, cegados por 
el falso brillo de la carne...



1.890 hambrientos buscan el cuerpo 
desnudo, incluso ahora
que está muerto,
de la dulce descalza Marilyn.
Hallaron en lugar 
de su losa silueta
el hachazo de un poema.
Una mortal ruleta.
La lujuria hecha pedazos,
fantasía desfigurada. Real y dura
como una azada.

Olisqueaban los perros
un cuello, una boca, un muslo.
Unos cabellos rubios,
unas uñas rojas, media mano.
Pero les sacudió un trueno, 
recibieron un puñetazo.
Y sucedió todo a la distancia justa
que permitía ver,
si hubiesen querido,
de verdad y por primera vez,
sus pies cercanos.
Los pies limpios y arrugados
de después de la sal.
Los hermosos pies descalzos
de la perfecta mujer sin maquillar.

¿Qué habrá sido
de los insaciables
desde entonces?

¿Habrán agradecido el efecto catártico 
de aquellos versos, el disparo 
volándoles los sexos?
(Versos que, por otra parte,
no habrían encontrado
si no anduvieran espiando, creyendo 
rebuscar
como ratas famélicas
en sucios escondidos rincones
en lugar de en tan sagrado espacio)


¿Se habrán parado quizás a leer
lo que contaba Cristina
al pie de la imagen
o habrán escapado
de las palabras, calientes y vivas
como sus venas de humana?
 
¿Habrán quizás, pobres,
continuado hirviéndola en la olla
de la fantasía sexual? ¿Removiéndola 
en círculos, con la cuchara 
del acero de las oscuras dobles vidas,
con sus manos tecleadoras y frías?

¿Habrá comprendido alguno,
al menos uno,
la esencia de la grandeza
de la pequeña Monroe,
la delicada sencillez de su verdadero nombre?

Y es que casi ninguno lo sabía, 
pero alguno habrá que al fin se enteró
 
(quiero creer al menos en uno, 
quiero uno uno uno)

Marilyn no era ni más ni MENOS
que una, otra, pequeñita gran mujer.
 
Una normal y casual Jean…

(Qué pena, digo yo, que ninguno comentase el poema
sobre todo ése que, de pronto, seguro la vio…
……porque yo sé que hay uno……lo sé....hay uno.....)

viernes, 13 de julio de 2012

Ánima lepidóptera. Viajeros y rincones. 9.



 dibujo y foto de Revisora



Eran dos las costureras. Dos. Sin más rostro
que dos pequeñas bocas con las que inspirar
el aire que convertirían más tarde
en el aliento de su creación.


        A media luz trabajaban las costureras, día y noche, en su taller de sombras y sutilezas. El carecer de ojos hacía que su percepción y su tacto fueran sutiles, mucho más eficientes que los de aquellos afamados sastrecillos que se perdían en banales detalles, en meras distracciones estéticas que nada tenían que ver con la calidez del abrazo o el exquisito aroma de los colores. Les permitía la ceguera trabajar más ligeras, pues la carencia propicia siempre la comprensión de lo esencial, en este caso la del viento, tan necesario en el futuro devenir de las alas de su mariposa.
Comenzaban por el pequeño tronco, el eje central, la sujeción del cuerpo contenida en apenas un centímetro. Colocaban una ramita de eneldo entre ellas, y con hilo de plata iban tejiendo la estructura básica a modo de maniquí, para poder manejarlo sin verse interrumpidas por las peticiones, sugerencias, quejas, del futuro ser. Ellas sabían qué había de darle vida, y cómo, y en ese punto primero de la creación lo último que querían era ser interrumpidas, sus dedos flotando al ritmo del tacto, del conocimiento inherente del modo en que debe formarse la belleza.
Una vez creado el armazón interno del pequeño lepidóptero, llevaban a cabo un delicado y maravilloso ritual: introducían sus manos en el lugar que ocuparían los brazos de él, si ése –el tener articulaciones humanas- hubiese de ser su destino, y se colocaban de tal modo que, observadas desde lejos, parecían ellas mismas, junto con el minúsculo tronco, una singular mariposa.
Sorprendentemente, al tiempo que sucedía esto, comenzaba a sonar, dentro de ese pecho primigenio de la futura mariposa, una melodía, un canto, y a medida que avanzaba la voz por el río del sonido, el hilo de plata se mecía ondulantemente e iba cambiando de color según el tono y los sentimientos de aquella extraña voz interna, que no propia.



Pero en cuanto cesaba la música, lo que acontecía era incluso más extraordinario: aquel primer tronco, atravesado por la ramita, dejaba crecer una diminuta cabeza, en la que, poco a poco, iba aflorando un rostro. En ocasiones era éste una representación perfecta del asombro de saberse naciendo; a veces lo era de simple y pura alegría, y otras, como la última vez que vi nacer de entre las dos costureras una mariposa, ese rostro que nacía de la nada se mostraba, aunque hermoso, lleno del dolor que sienten las cosas al crecer, y por tanto, revestido de una mueca de protesta. Las costureras, para mi sorpresa, no se  molestaban ante esta queja (muda, pues todavía no le habían insuflado el aliento necesario para expresarse), sino todo lo contrario: sonreían como amantes madres ante el llanto quejicoso de su cría cuando no está provocado por un mal terrible sino por mera expresión del yo.
Sonreían y continuaban con su trabajo, aunque en esta última ocasión, mientras las pintaba desde mi rincón, fui descubierta al caérseme un lápiz. Se giraron hacia mí, llenaron la habitación de los vientos del enojo, y me obligaron a cerrar los ojos con el calor abrasador y la fuerza de las incendiarias corrientes originadas por su enfado. 


foto de Revisora

Para cuando pude parpadear y fijar los ojos en mi rincón favorito del vagón, sólo quedaba de ellas mi dibujo a medio hacer... y un montón de ramitas de eneldo esparcidas por toda la habitación…



Es curioso cómo por lo general solemos pasar por alto
las diferencias en los tejidos y colores, las sutilezas,
que componen cada milímetro de una mariposa,
tomando ésta por un todo uniforme, y sin embargo,
cuando se observa de cerca, con los ojos cerrados,
atentos al aleteo de su cuerpo contra el aire,
                                                                       podemos percibir la maravilla que representa 
                                                                             
                                                                    su mera existencia.



foto de Muchacho


Como cuando cerramos los ojos
ante nuestro rincón favorito
del vagón..................


 foto (y rincón favorito) de Revisora

 

viernes, 6 de julio de 2012

domingo, 24 de junio de 2012

Reptil inestable


foto de University of Maryland - Medical Center


“…la apariencia de las vértebras
cambia a medida
que se baja
por la espina dorsal…”


En mi espina dorsal no hay firmeza.
Me mantiene extrañamente un eje inestable,
mínimamente elástico y sin duda quebradizo
más allá incluso de la mera fragilidad humana.
Tengo asimismo la debilidad del dios
incrustada en la médula.
Mas puede que también sea mi rectitud
sólo una ilusión óptica, ética y estética,
este mantenerme erguida mientras los pies en fango,
los sentidos embotados y el corazón a tientas.

Creo en mi espina dorsal tan rígida y en realidad
pertenece mi dirección a la danza
de un millar de vientos contenidos...