domingo, 29 de enero de 2012

una mujer extraña esta mañana junto al tren… (Acompañantes. 1. La que busca…)

fotografía de Béla Tarr


                                                        (…en el reverso de la niebla estaba el camino,
                                                                     por eso hoy no me vi llegar, sólo partir….….)



esta mañana extraña en que soy mareo interno, de tierra casi inerte vengo
del éxodo una huida en diagonal, desde el centro 
de mi puño escondido abierto al cerrado ojo derecho
que tras párpado grisáceo muestro. Erguida caminando
y aún así

también parezco un muerto…


esta mañana tan extraña quiero…tan extraño el caminar sobre esta mañana…extraña quiero…un lugar en el que encontrar con qué llenar mi cubo …mi cubo vacío llenar

con…


un esqueleto nuevo que no quiebre al ver los golpes alejarse,
que no se deshaga en mil astillas al descontacto de los dedos 

una osamenta osada que no tema pelear por mí…enrevesada mezcla
de sangre y carne sin entrañas sólo extrañas las capas
de ropa hago mi abrigo contra el desierto………......de mí...........................

una piel dura tan propia, tan mía, que se me ajuste como un uniforme, pero que no me prive del amor ni la empatía. Igual la cara que el reverso últimamente o quizás solo en ocasiones tan anverso……....................

¿puedes verlo? ¿puedes, verso?....ele o ese…......................¿o no era eso?

un cerebro que sepa no serlo, que deje de funcionar pero mantenga el resto 

 del cuerpo en funcionamiento mientras las palabras caen y se desprenden 
de la lengua tan ligera que ya no estará 
girando o buscando la verdad…………                                          nunca más… …sólo ligereza al caminar…al hablar……no pensar…caminar…          nada más.…


un árbol seco con intenciones poco firmes de no volver a florecer, con el deseo oculto de renacerse en deseo…………….de crecer………..más…..otra vez…………..


una manzana podrida que haya decidido arrojarse al mar 
para volver a la vida o tirarse 
de un quinto piso para poder volar libre y putrefacta 
en la infecta boca de una inmensa gaviota…tan extrañas, 
la gaviota y su boca……….la manzana………………….

un dolor profundo intenso……como en un parto de mí misma
tenso para parirme la piel, no de un extremo a otro sino de afuera adentro, duele más………volverse profunda mirarse al espejo o mirar el espejo mismo intensamente y no verse….ser sólo

volumen superficial..............tensión epidérmica……………………craneal…………….


olvidar desde este instante que en mi cuerpo existe un corazón y que es
un músculo.
Perder en la memoria recolectora de mi cosecha inútil el conocimiento, 
el ataque/ritmo cardíaco, luchar
contra una misma y vencer contra todo pronóstico, vena o sentido…Moverse 
a golpes, dejar de ser deseo contenido, ser tóxica, el fin de todo. Bombear
sangre incolora desde la mugrienta espalda, sobre la invisible córnea
volver a ser inconsciente de que todo nace de / por / en un único latido…

respirar.

esta mañana tan extraña quiero…tan extraño el despertar a esta mañana…extraña quiero…

un camino infinito que rompa en mil pasos
contra el cristal......
 
infinitas estaciones de tren que no estallen 
contra la piel……

 
                contra la dictadura de la piel me 
                                              escondo                     
                                                           
                bajo incontables capas de abrigo
                                                 camino    


       contra esta mañana....su radiografía...


                                                    

                                                 
                                                   



Do you remember? o de cuando Maquinista se enamoró de Ane Brun.......


martes, 24 de enero de 2012

Un regalo para Revisora...cuento de YO (Viajeros 3. De otros mundos...)

fotografía de YO


La estación de hoy es, sin duda, la más especial que hemos visitado hasta ahora; y es que no ha sido creada por nosotros sino por los mágicos dedos y corazón de YO, cuyo 'arte de escribir para sí misma' sólo es comparable a su delicadeza y su ternura; a su visión radiografiadora de todo y de todos, que ve desde la piel hasta la médula pero que nunca juzga, sólo enseña; a su Amor por cada ser, personaje, cosa, a la que da vida y aquellos que por su vida pasan; a cada gesto de cariño y cuidado, tan preciosos, infinitos....a cada aliento que convierte en brisa, tan hermosa y cálida................como el brillo de sus ojos....

Como bien dice el título, le regaló hace unos días un cuento a Revisora, un tesoro. Desde aquí no podemos decirles qué nos pareció, no existen aún las palabras que describan lo que en este tren sentimos cada una de las mil veces que lo leímos/vimos/vivimos...han de juzgar con sus propios ojos y corazón. Aquí, en este homenaje de un viajero cualquiera a 'La muchacha del carbón'........Esperamos que disfruten del viaje tanto como disfrutamos nosotros, en especia la Revisora, que sigue sin saber nombrar todo aquello que sintió y aún siente cuando lo lee, lo vive, lo ..........................
...............feliz viaje, esta vez por otros mundos.............................


sábado, 14 de enero de 2012

Aquel "no recuerdo"... Segundo Blues de Maquinista.


fotografía de Rolfe Horn





I.

‘........A veces sólo recuerdo de él que tenía
una expresión como de arena,
si es que puede un semblante
mostrarse así... Aunque su rostro
es algo que, creo, también olvidé,
una cara que mi memoria desdibujó
en aras del azar, la temporalidad,
el por suerte desconocido y verdadero
valor de la vida y la muerte…….....’

Aquel “no recuerdo...” tan suyo, tan grave, con el que comenzaba casi siempre toda conversación. Aquel “no recuerdo…”, que pronunciaba como un eco venido de una profundidad insondable, eso sí permanece en mi oído y mi mente con total claridad (qué ironía, mi memoria sólo alcanza a rescatar su aparente carencia de la misma). Lo decía constantemente, a modo de introducción, y acto seguido hacía las más detalladas y sorprendentes descripciones de las cosas más nimias. Decía que sólo lo pequeño e insignificante merecía que perdiera su tiempo en contarnos historias, en crear, como él las llamaba, ‘fallas geo-i-lógicas’, porque ‘de estas líneas de debilidad de la corteza de mi imaginario es por las que se abre paso y aflora el núcleo interior fundido de la Tierra...el núcleo, lo único que merece la pena’. A las cosas que el resto consideraría importantes (para él ‘tan grandes e inútiles como viejos mundos muertos’) en cambio, solía finiquitarlas con unos pocos trazos. Era parte de su poder y encanto. Sentenciaba el cosmos entero con un par de palabras –solían ser un sustantivo y un verbo adjetivado- y al hacerlo, antes de dar el trago (…siempre aquel trago…) gritaba: “¡envuelto otro universo para regalo! ¡envíenselo de mi parte al diablo!”. Entonces bebía, cerraba los ojos y apretaba fuertemente su mano contra el vaso mientras lo hacía. Lo asía tan fuerte, tanto, que alguno incluso llegó a estallarle entre los dedos, dejándolo marcado. Los demás nos asustábamos, pero él miraba ensimismado la sangre correr, sonreía para sí como sólo lo hacen los conocedores de secretos y verdades, y murmuraba ‘allá va, otra gota infinitesimal de mi ridícula existencia humana, manchando una vez más el calendario del tiempo geofísico’......... Era en instantes como esos en los que, aunque inmóvil, daba la impresión de ser un satélite girando a toda velocidad, a punto de ser arrastrado por un ciclón, aferrándose a través de esa mano a su astro para defenderse del barrido, para no perderse en la inmensidad del espacio. Entonces, de repente, parecía acordarse de que seguíamos allí, a su alrededor, de que él estaba allí, en aquel lugar tan físico, material, tan asquerosamente mundano, y, a modo de disculpa o quizás simple explicación, salía de su boca un ‘…dejadme sangrar y beber…sólo intento no dejar de ser…’. Asomaba tras esta misteriosa frase un atisbo de amargura extraña, un algo inquietante, un antifaz, que todavía hoy no comprendo; era la misma especie de amargura que escupían sus ojos después de que el líquido hubiese bajado por su garganta. Su garganta, aquel abismo mesiánico del que brotaban cada noche doscientas o trescientas profecías. Quién se acuerda ya de cuáles, de cuántas... Le llamábamos Mesías, sí, y también Adivino, Profeta, aunque en realidad nunca acertaba (al menos nunca nadie lo comprobó). Pero no importaba. Lo necesitábamos. Yo y todos los viajeros que se arremolinaban a su alrededor en el vagón restaurante. A él y a sus historias, con las que construía el mundo para después volverlo ruina, una y otra vez. Configuraba con sus palabras plegamientos montañosos, ríos, valles, civilizaciones enteras poblando cada territorio inventado para nosotros; nacía de sus labios todo un catálogo de flora y fauna, les daba incluso nombre, colores, forma, a todas las plantas, insectos, minerales...a los lagos. Eran estos últimos los que más le gustaban y los que creaba con más delicadeza y cuidado. ‘En este círculo finito de agua se detiene por un instante cada noche el infinito, la belleza cada mañana...’, cantaba...
         Lo necesitábamos y lo amábamos. No sé qué verbo sucedió primero, sólo sé que así era. Y nosotros éramos tan egoístas...

II.

Fue la noche del 2 de agosto. O quizás la del 6 de marzo. Sí, fue un día 6, y era marzo, ahora recuerdo, porque todo en aquella época sucedía los días 6. Sobre todo lo malo...

Bajamos del tren aquella noche, y fuimos a buscarlo. Al llegar, subimos empujados por una extraña fuerza la escalera. Intentábamos tragar saliva, respirar, pero no conseguíamos hacerlo. Llegamos hasta él secos, y secos a sus pies caímos, exhaustos, asfixiados por la ausencia de aliento, por la imposibilidad del grito. Nada ni nadie pudo cortar nuestro miedo, romper el silencio hecho de chillido mudo y horror punzante que nos envolvía. Créeme Muchacho cuando te digo que no me he sentido más débil en toda mi vida.

Estábamos allí para ver morir a un dios, así pues, ¿cómo no caer de rodillas ante su inminente féretro? ¿Cómo no acercarnos a su cuerpo ya casi helado como niños aterrorizados? Pero resultó que le éramos indiferentes... Iba a morir, cierto, y lo sabía. Era consciente de que su luz se extinguía, que su energía se iba a otra parte. Nos sorprendió descubrir en ese momento que aquel dios también era humano, y ver cómo aquella vez luchaba ferozmente, con todas sus fuerzas, pero en contra del Universo, no en su bando; quería ahora desprenderse del cosmos, no girar alrededor de su astro, pero no por el placer de sentirse poderoso y libre, sino para no dejar órbita, rastro...arrojarse al vacío para no ser encontrado, si acaso devorado...

Esta vez fue él el egoísta. Era noble, y no hizo nada por ocultarlo o negarlo. Nos miró desde lo alto de sus ojos más lejanos y dijo ‘...no recuerdo...será que todo, todos, ha, hemos, sido en vano...’

Sus últimos ojos, disfrazándose lentamente de ocaso bajo el párpado cerrado. Sus ojos. Un eco hueco de sus últimas palabras, un reflejo mínimo y desenfocado de aquel antiguo y poderoso ciclón que había sido su garganta; él, aquel satélite brillante, unido por lazos eternos a su astro, al universo entero, convertido ante nuestra atónita y dolida mirada en un ser pequeño, extraño... mitad divino, mitad humano......

‘...la muerte lo convirtió en uno de nosotros. Y nosotros lo olvidamos,
a él y todo lo aprendido a su lado. Fuimos como los demás,
dejamos de venerar su historia, empezamos a humanizarlo......
…matamos a un dios, Muchacho, en lugar de enterrar
a un amigo, un hermano…’




miércoles, 11 de enero de 2012

Hay hombres arrogantes que se creen afortunados… (Observaciones de Maquinista. 2. La mujer hermosa y los pájaros metálicos. El viajero distante..........)

fotografía de Eve Arnold




Hay hombres arrogantes que se creen afortunados. Pagan su billete
y se suben al tren, sin ser conscientes del vacío futuro
que les espera. En el vagón restaurante observan a esa mujer,
la del pelo ensortijado, voluptuoso cuerpo y mirada distante.
La invitan a copas y ‘consienten’, despreocupados, que ella les hable,
mientras bebe, de poetas, plomo y explosiones. 

De remotos y exóticos lugares. De motores.
La dejan contarles su música. Sin prestar mucha atención, escuchan su canto.
Actúan como si ellos mismos fueran hermosas aves y no feroces pájaros
capaces de convertir cualquier metal en la más mortal de las armas.
Ella, hermoso y delicado pájaro. Ellos, seres desal(m)ados.

“Cualquier arma que te venga a la mente”,
le prometen, “para defenderte o atacar,
lo que necesites o desees, sólo tienes
que pedir por esa boquita, y nosotros te la fabricaremos,
amor.” ¿No se dan cuenta acaso de que ella,
tan a lo lejos, no escucha ni una sola de sus palabras,
que les mira con desdén y no les hace ni caso?..........

Ella observa a ese viajero tranquilo, el que ensimismado lee
y no es consciente de ninguna presencia. Ni propia ni ajena.
Él, que de repente siente una flecha atravesar su pensamiento,
levanta su cabeza y la deja escapar por la ventana,
persiguiéndola hasta donde su mirada alcanza. Pero dejándola partir,
sin miedo, añoranza o tristeza. Asumiendo lo efímero del vuelo.
El impacto que sobreviene a la caída.....La punzada al despertar del sueño....

‘¿Por qué no me mira?’, se pregunta ella, rodeada de buitres,
intentando mantener la bella postura. Tan dulce impostora,
que sólo anhela esa mirada......No puedo evitar sentir ternura.
Aprenderá -quizás tarde- que el anhelo trae de la mano a veces
un ‘dalo por perdido’. Otra vez me golpea ternura, 

y pienso en el viajero pájaro, aquél de ojos alados...

Hombre de buena Fortuna,
hecha tu coraza con la elasticidad de un río,
¿quién en tu espejo?, ¿quién recostado en tu asiento?

lunes, 9 de enero de 2012

Armazón. Nuevo vocabulario. (Lectoescrituras de Muchacho. 1. Los Reyes......)

fotografía de Armazón proteico (no sé de quién...)

Encontré en la cabina un libro que me llamó a gritos,
y como el gobernante de mi destino es Maquinista,
(quien me recuerda a un Rey muy digno, pero caído,
por eso es que lo quiero y me gusta) he tenido que cogerlo.
Él siempre dice que si un libro nos llama y podemos oírlo,
debemos obedecer a su reclamo, es parte ineludible
del camino hacia nosotros mismos. También me dice
–esto ya me gusta menos, pero igualmente obedezco-
que cada vez que termine una parte, escriba lo que me dicte,
lo primero que vierta en mi mente, corazón, manos.................
y esta es la savia que brotó de estas primeras hojas
que he recogido y sobre las que he andado.......


“.....MINOS.....
Te obstinas en ver semejanza
allá donde sólo hay azar”

Los Reyes, Julio Cortázar


...y se escapó el mundo de su sombra y en luz quedó...

Aparecieron en el hueco que dejó penumbra
nuevas materias y formas, nuevo lenguaje (innecesaria es habla).
Cambié el armazón de cada poema, su estructura,
y también su sangre, su significado.
Creé nuevos fonemas e inyecté en mis venas vocabulario nunca usado.
Soñé que manejaba yo el tren, y lo hice cambiando
el ritmo de cada giro, a cada paso. A mi manera.
Si me sobrevenía de pronto un ‘problema’,
éste no lo era más, pues le llamé luz, sendero, piedra,
incluso me sirvió pista, linterna, arena.
De hecho, una vez cambiadas las palabras,
me guié únicamente por su esencia,
las hice cada vez más pequeñas, a mi escala y diferencia,
(odio hacer nada a ‘imagen y semejanza’)
y más y más y más y más pequeñas, hasta que no las reconocí,
y entonces sí pude verlas, decir que significaban algo,
que eran palabras nuevas y no mi antiguo vocabulario.

Sí, venga, ya sabéis de lo que hablo,
todos tenemos una lista de “palabras clave”,
nuestro propio juego abecedario,
esa lista que repetimos hasta la suciedad
en combinaciones que no son más que un disfraz,
y con eso nos vestimos. Así pues,
igual que la ropa, se gastan y manchan con el uso.
Entonces...¡no las usemos más!!............................

“...más allá de nuestros reinos y nuestros nombres...”
está nuestra piel desnuda, nuestra carne viva.
Felices los despellejados, sentimos cómo hierve, escuece, aúlla,
esa carne, que siente el deleite del mar
y el escozor en la herida por esa misma sal. Somos los felices,
brillamos en el sol y en la luna. Más allá de nuestro tamaño y forma,
la esencia, el reflejo laberíntico de lo que somos,
permanece siempre igual. Todo se reduce a ser y estar. Y a la sal.
Al mar. Quisiera correr hacia él, escapar
de mi lengua que se enreda en mis pies,
¿podría alguien cortar los lazos de mis familias léxicas?
¿Segar el trigo de mis campos semánticos para poder abandonarme
a la nueva siembra, la que se cosecha bajo la luz, lejos de la sombra?

¿Puede alguien? ¿Alguien? ¿Puede..................................?