sábado, 14 de enero de 2012

Aquel "no recuerdo"... Segundo Blues de Maquinista.


fotografía de Rolfe Horn





I.

‘........A veces sólo recuerdo de él que tenía
una expresión como de arena,
si es que puede un semblante
mostrarse así... Aunque su rostro
es algo que, creo, también olvidé,
una cara que mi memoria desdibujó
en aras del azar, la temporalidad,
el por suerte desconocido y verdadero
valor de la vida y la muerte…….....’

Aquel “no recuerdo...” tan suyo, tan grave, con el que comenzaba casi siempre toda conversación. Aquel “no recuerdo…”, que pronunciaba como un eco venido de una profundidad insondable, eso sí permanece en mi oído y mi mente con total claridad (qué ironía, mi memoria sólo alcanza a rescatar su aparente carencia de la misma). Lo decía constantemente, a modo de introducción, y acto seguido hacía las más detalladas y sorprendentes descripciones de las cosas más nimias. Decía que sólo lo pequeño e insignificante merecía que perdiera su tiempo en contarnos historias, en crear, como él las llamaba, ‘fallas geo-i-lógicas’, porque ‘de estas líneas de debilidad de la corteza de mi imaginario es por las que se abre paso y aflora el núcleo interior fundido de la Tierra...el núcleo, lo único que merece la pena’. A las cosas que el resto consideraría importantes (para él ‘tan grandes e inútiles como viejos mundos muertos’) en cambio, solía finiquitarlas con unos pocos trazos. Era parte de su poder y encanto. Sentenciaba el cosmos entero con un par de palabras –solían ser un sustantivo y un verbo adjetivado- y al hacerlo, antes de dar el trago (…siempre aquel trago…) gritaba: “¡envuelto otro universo para regalo! ¡envíenselo de mi parte al diablo!”. Entonces bebía, cerraba los ojos y apretaba fuertemente su mano contra el vaso mientras lo hacía. Lo asía tan fuerte, tanto, que alguno incluso llegó a estallarle entre los dedos, dejándolo marcado. Los demás nos asustábamos, pero él miraba ensimismado la sangre correr, sonreía para sí como sólo lo hacen los conocedores de secretos y verdades, y murmuraba ‘allá va, otra gota infinitesimal de mi ridícula existencia humana, manchando una vez más el calendario del tiempo geofísico’......... Era en instantes como esos en los que, aunque inmóvil, daba la impresión de ser un satélite girando a toda velocidad, a punto de ser arrastrado por un ciclón, aferrándose a través de esa mano a su astro para defenderse del barrido, para no perderse en la inmensidad del espacio. Entonces, de repente, parecía acordarse de que seguíamos allí, a su alrededor, de que él estaba allí, en aquel lugar tan físico, material, tan asquerosamente mundano, y, a modo de disculpa o quizás simple explicación, salía de su boca un ‘…dejadme sangrar y beber…sólo intento no dejar de ser…’. Asomaba tras esta misteriosa frase un atisbo de amargura extraña, un algo inquietante, un antifaz, que todavía hoy no comprendo; era la misma especie de amargura que escupían sus ojos después de que el líquido hubiese bajado por su garganta. Su garganta, aquel abismo mesiánico del que brotaban cada noche doscientas o trescientas profecías. Quién se acuerda ya de cuáles, de cuántas... Le llamábamos Mesías, sí, y también Adivino, Profeta, aunque en realidad nunca acertaba (al menos nunca nadie lo comprobó). Pero no importaba. Lo necesitábamos. Yo y todos los viajeros que se arremolinaban a su alrededor en el vagón restaurante. A él y a sus historias, con las que construía el mundo para después volverlo ruina, una y otra vez. Configuraba con sus palabras plegamientos montañosos, ríos, valles, civilizaciones enteras poblando cada territorio inventado para nosotros; nacía de sus labios todo un catálogo de flora y fauna, les daba incluso nombre, colores, forma, a todas las plantas, insectos, minerales...a los lagos. Eran estos últimos los que más le gustaban y los que creaba con más delicadeza y cuidado. ‘En este círculo finito de agua se detiene por un instante cada noche el infinito, la belleza cada mañana...’, cantaba...
         Lo necesitábamos y lo amábamos. No sé qué verbo sucedió primero, sólo sé que así era. Y nosotros éramos tan egoístas...

II.

Fue la noche del 2 de agosto. O quizás la del 6 de marzo. Sí, fue un día 6, y era marzo, ahora recuerdo, porque todo en aquella época sucedía los días 6. Sobre todo lo malo...

Bajamos del tren aquella noche, y fuimos a buscarlo. Al llegar, subimos empujados por una extraña fuerza la escalera. Intentábamos tragar saliva, respirar, pero no conseguíamos hacerlo. Llegamos hasta él secos, y secos a sus pies caímos, exhaustos, asfixiados por la ausencia de aliento, por la imposibilidad del grito. Nada ni nadie pudo cortar nuestro miedo, romper el silencio hecho de chillido mudo y horror punzante que nos envolvía. Créeme Muchacho cuando te digo que no me he sentido más débil en toda mi vida.

Estábamos allí para ver morir a un dios, así pues, ¿cómo no caer de rodillas ante su inminente féretro? ¿Cómo no acercarnos a su cuerpo ya casi helado como niños aterrorizados? Pero resultó que le éramos indiferentes... Iba a morir, cierto, y lo sabía. Era consciente de que su luz se extinguía, que su energía se iba a otra parte. Nos sorprendió descubrir en ese momento que aquel dios también era humano, y ver cómo aquella vez luchaba ferozmente, con todas sus fuerzas, pero en contra del Universo, no en su bando; quería ahora desprenderse del cosmos, no girar alrededor de su astro, pero no por el placer de sentirse poderoso y libre, sino para no dejar órbita, rastro...arrojarse al vacío para no ser encontrado, si acaso devorado...

Esta vez fue él el egoísta. Era noble, y no hizo nada por ocultarlo o negarlo. Nos miró desde lo alto de sus ojos más lejanos y dijo ‘...no recuerdo...será que todo, todos, ha, hemos, sido en vano...’

Sus últimos ojos, disfrazándose lentamente de ocaso bajo el párpado cerrado. Sus ojos. Un eco hueco de sus últimas palabras, un reflejo mínimo y desenfocado de aquel antiguo y poderoso ciclón que había sido su garganta; él, aquel satélite brillante, unido por lazos eternos a su astro, al universo entero, convertido ante nuestra atónita y dolida mirada en un ser pequeño, extraño... mitad divino, mitad humano......

‘...la muerte lo convirtió en uno de nosotros. Y nosotros lo olvidamos,
a él y todo lo aprendido a su lado. Fuimos como los demás,
dejamos de venerar su historia, empezamos a humanizarlo......
…matamos a un dios, Muchacho, en lugar de enterrar
a un amigo, un hermano…’




22 comentarios:

  1. Qué última sentencia: "...matamos a un dios, Muchacho, en lugar de enterrar a un amigo, hermano..." y es cierto que la admiración puede llevar al distanciamiento y me pregunto (no puedo evitarlo), por qué.
    Nueva historia en el vagón restaurante, esta vez con uno de esos personajes tan propios y característicos de toda barra de bar que se precie... los que imprimen el carácter del lugar, que al final todo siempre es cuestión de humanidad, e iluminación, muebles, decoración pierden mucha importancia... es la calidez humana que se respira en un local el que nos invita a entrar o a repetir, a sentirnos bien en su seno, y si es con un carácter como el descrito por Maquinista, actúa como un imán magnético que tira con fuerza para viajar con sus historias y anécdotas a otros mundos, bien sean inventados, historias reales, o medias mentiras, eso es lo de menos si el que las cuenta lo hace con el convencimiento de la verdad... para qué dibujar fronteras entre ficción y realidad, demasiadas fronteras existen ya en este mundo, las peores las invisibles las que recreamos en nuestros propios mundos, con nosotros mismos y con los otros, con lo que habita en nosotros y lo que nos envuelve, que condiciona como nos relacionamos y nos desenvolvemos. Quizás por eso con la adoración, divinizamos a la persona, y el respeto nos hace distanciarnos de ella, el "temor" respeto hacia ella nos aleja de esa posibilidad de amistad, de cercanía...
    Un Maquinista magistral, melancólico lo leo hoy, y casi transfigurado en el personaje al que describe, pues es ahora quien cautiva con sus relatos a toda una tripulación y una legión de pasajeros, que disfrutamos con sus experiencias y reflexiones.
    Brindis y un abrazo amistoso Maquinista por un buen fin de semana.

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    1. Gran reflexión Aka la de que la admiración que incluye pedestal lleva al distanciamiento y nos aleja de esa posibilidad de amistad, de hermanamiento de verdad. Cuestión de no poder situarse en el mismo plano si elevamos a uno de los elementos de la relación....... De ahí ese temor al ir a verlo morir, porque más allá del miedo a perderlo o las ganas de acompañarlo, estaba el creer que era un dios adorado quien se iba...y aterraba desconocer el resultado......
      Sí, son los seres especiales los que imprimen carácter a un bar, sin duda. Y el personaje no podía haber sido mejor descrito: ‘imán magnético’. Porque no hay nada (yo lo siento así) como alguien que cuenta buenas historias (en el tren también nos importa bien poco si son realidad o ficción –es tan frágil la línea divisoria...-, lo importante es su latido, intensidad, lo que nos pueda aportar).
      Y sí, estaba Maquinista un poco melancólico aquí, influido por el pasado de bar de Revisora, que le estuvo contando historias de los que habitó ella, por las lecturas de los últimos días y por acordarse de un dios, un rey, que al final resultó ser un simple mortal...
      Muchísimas gracias por tus amables palabras, siempre es un placer leerte y sobre todo un honor que dediques tiempo, corazón y mente a los comentarios.

      Un brindis y un abrazo enorme para ti también, quizás algún día Maquinista y los viajeros os encontréis brindando a ese otro lado de la frontera...
      (y espero que tu fin de semana también haya sido bueno; el mío como te decía en la anterior entrada, de lo mejor ;))

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  2. Un texto de antología, de esas antologías paranoicas que se hilvanan con jugo de frutillas (que no es lo mismo que el conjuro de frutillas) para luego ser destruidas en cualquier amanecer epidérmico, o de esos contrarios que parecen diferentes.

    Cuánta belleza, cuánta intensidad; nos quedamos, esa poca multitud que somos esta madrugada, nos quedamos mudos ante ese Dios muerto que iban naciendo en la pulcritud de un recuerdo errado... el mundo parece que vuelven a ser en cada falla de la memoria, de las memorias que parecen vivas.

    ¿Qué nacerá primero?,,, el amor o la necesidad y esa misma pregunta huele a jeringa blanca de morfina-botox-decadrón espiritual... encorvar la consciencia al ritmo de ese signo interrogatorio parece un discreto remedio para egoístas.

    Dejemos esta noche que quiere amanecer, dejemos correr la sangre posiblemente propia, que moje todos lo ajeno del mundo... y que esa sea nuestra puerta (que a veces se escribe igual que puerca), nuestra puerta para recordarlo a él, en el instante previo a transformarse; él, nuestra memoria y nosotros en un imperfecto engranaje del olvido.

    Gracias Maquinista, mientras Muchacho se seca los ojos yo le doy un abrazo y un beso por obsequiarnos tanto en luz de un talento tan descomunal; nos hemos ganado hoy el epitafio de un supremo como paño frío sobre la frente tibia, de mucha fiebre (de la tibia)... algún día tendremos que hablar sobre la fiebre tibia que aqueja algunos pasajeros de los trenes...

    Gigantesco abrazo, muchas gracias por compartir. Me voy hecho deuda ante tanta valentía.

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    1. Demasiado halago, señor Ojeda, para tan pequeño Maquinista!! Se ha puesto colorado el tren entero por saberse esta vez ‘de antología’. No sabe cómo y cuánto se lo agradecemos ;))
      Qué hermosos los amaneceres epidérmicos, esos en los que nace uno con más fuerza incluso que el propio día, que el astro rey... Esos momentos en los que uno invierte el orden y la fuerza de sus campos magnéticos, voltea la espina dorsal para ponerse del revés y así poder verse bien, y saca fuera todos sus órganos vitales para que trabajen al aire libre en la fabricación de esa nueva piel, como debe ser, como usted seguro hace cada amanecer...

      Y fiebre es lo que su paso por aquí siempre me deja (fiebre, sí, pero no tibia, sino de las buenas, de las fuertes, de las que limpian y hacen ver ;)), con demasiados versos escondidos tras las frases-venas por las que discurren sus comentarios (eso sí es un paño que alivia la dolorosa imperfecta fricción de tan ‘imperfecto engranaje del olvido’ ...........–Contaban los cronistas de la época que, llegados a este punto de la batalla, resultó que en el tren ya estaban todos moribundos; habían sido dulcemente aplastados por la belleza y dulzura del escuadrón de frutillas paranoicas.....aún así, desde su lecho de muerte, les dio tiempo a escuchar que su general se iba ‘hecho deuda ante tanta valentía’, lo cual les hizo sonreír, por última vez, una vez más, antes de morir....eternamente agradecidos por semejantes palabras antes del disparo-abrazo (que, por supuesto, devolvieron con su último aliento ;))

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  3. Permíteme que esta vez sea algo fugaz en mi comentario. Te explicaría todo lo que he sentido al leer esta declaración (una muy directa y sincera, puedo asegurar).
    Si te dijera que la memoria trae consigo lo que siempre acaba por debilitarnos, donde ha marcado insondable rastro de tinta parda, de recuerdos teñidos en derrotas.
    Veo a un hombre que marcó ese antes y después en una infancia algo “pérdida”, la mía. Su rostro, sus palabras, alejaban la ternura y engendraban rencor, pequeñez en los pasos. Me alejaban de ese hogar que todos los niños merecemos.
    Jamás viví de recuerdos, pero sí permanecieron indómitos, atentos para acechar en esas épocas en las que te sientes más vulnerable; y allí reaparecían, y procuraba esquivarlos, pero resultaba inútil. Es una barrera muy fuerte la que cae sobre un cuerpo todavía frágil y pequeño.
    Aunque el tiempo pase, y no se muestren del mismo modo esos resquebrajados momentos, sí que consiguen adueñarse un poco de tu calma; y entonces es cuando hay que batallar contra el odio y el rencor. Sabiendo que más perdemos con ello, lo sé.

    Sea un cuento, una leyenda o un fotograma añejo de una vida pasada, supiste abordarlo y bordarlo con hilo dorado, con manos sinceras y delicadamente. Me pareció algo magistral, motivo más por el cual admirar su caligrafía, así como su sentir.

    (Ya me he dado cuenta que al final lo fugaz es incompatible al sentimiento, je)

    De todos modos, disculpa de igual modo, porque hice míos ciertos pasajes y giros de tus frases; un atrevimiento que espero sepa perdonar, querida Revisora.

    Le hago llegar una sonrisa, envuelta en notas bluesman, como sé que le gustan).

    P.D. Hay algo en mi blog que espero le haga sonreír como merece…

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    1. (Permítaseme empezar la misiva del revés, por la postdata...

      PD: Yo, lo que dejaste en tu blog –que sabrás hemos leído una y otra vez, además de imprimirlo, jeje- no sólo ha hecho sonreír a la Revisora como cuando de niña recibió su bici roja, el tesoro material más preciado, o como cuando subió al tren cierto viajero que es ya su tesoro más valioso –de todos cuantos hay, haya, habrá...es para ella Él todos los verbos ...-, sino que también ha dejado caer alguna lágrima –para qué negarlo- ante la belleza de ciertos latidos que has acompasado con los tuyos en el ritmo, el sentir...en tanto cariño no oculto sino totalmente visible en cada palabra.....Gracias otra vez....)

      ---

      Siento mucho leer, Yo, que hay un rostro y unas palabras que no puedes guardar con amor, como han de ser traídas a la memoria las personas que supuestamente se encargan de construir nuestro hogar en la infancia. Sé de esos momentos en que te sientes vulnerable, eres una mujer tan extremadamente fuerte como delicada, y en lo que escribes se nota cuando te sientes así. Pero espero que también sientas –seguro que sí- que estás, de esta manera tierna, extraña por no habitual, incluso divertida cuando la ocasión lo requiere, que hemos inventado; con la que hemos entrelazado una nueva ‘vía’ de comunicación. Esa que sirve para exorcizar oscuros monstruos lejanos, de los que se esconden en ese rincón feo y sucio de la memoria, para que podamos hacer todos limpieza y trabajos de decoración interna, construyendo nuevas estructuras medulares, nuevas formas, colores, venas, capilares, todo, nuevo, y creado con cariño y hermosura. Como merecemos (porque sí, porque así lo queremos y así lo creemos. Y con esa ilusión nos basta a los seres pequeños ;))

      Dos cosas importantes, aplicables siempre desde ahora (lo eran ya de antes, pero no está de más recordarlas, o simplemente expresarlas): la primera, que puede usted girar cuantas frases y expresiones quiera, es un honor, puedes incluso girar las vías, te expido aquí un ‘certificado de asistente de conducción-inducción’ y la segunda...¡que todas las cosas fugaces de nuestras vidas tengan la intensidad y belleza de ésta! ;))

      Abrazos y sonrisas enormes, de gato de Alicia, para ti, YO.

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    2. Me comí el 'acompañada' aquí, acabo de comprobar.....;))

      'Pero espero que también sientas –seguro que sí- que estás ACOMPAÑADA, de esta manera tierna, extraña por no habitual, incluso divertida cuando la ocasión lo requiere, que hemos inventado; con la que hemos entrelazado una nueva ‘vía’ de comunicación.'

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    3. Extraño cabalgar el de estos días, Maquinista…
      Celebro la alegría de Revisora al descubrir el gesto, con mayor alegría si es posible y se me concede.
      Puedo asegurar que ha merecido la pena, no sabemos ya de qué modo enorme, me siento afortunada por encontrar musas en el camino que me inspiren escribir ese tipo de homenajes, en los que acabo siendo más recompensada.
      Tanto Muchacho como Maquinista, saben que es imposible no adorarla, cada pequeño gesto de su manos, todas aquellas reflexiones (cree ella que dichas para sí misma) que nosotros hemos podido manifestar como golpes directos del corazón y la savia de su naturaleza más ´viva´.
      Es evidente que siempre me ven, como vosotros solos sabéis hacerlo, sin mirar hacia afuera, sino a lo más adentro posible, donde no me guardo máscaras para mostrar como la memoria de vez en cuando castiga.
      Pero no debéis de temer, porque en verdad si soy fuerte, aunque a veces me conmueva y se desborden litros de tinta ennegrecida.
      Hasta las caídas son hermosas, ¿no le parece? 

      Cuando crecí me inventé una infancia, me hace gracia ahora pensarlo, porque no he sido del todo consciente de ello. Pero me ha servido para abrir más ojos que ese par con el que todos nacemos; y ya no hablo del “tercer ojo” je, je, no, ese no. Sino el que me hace construir paisajes a mi mundo, para ese otro mundo que en realidad se trata de un hogar bien pequeño (de los de caldero para calentar el agua, sillón con telas deshilachadas y una pequeña radio donde escuchar música al acostarse).

      Me habéis otorgado una vía privilegiada, y por ella camino descalza, aunque sienta frío el acero que la conforma. En ella la comunicación se ha convertido en pan (naturalmente recién hecho). Y siempre en ella procuraré deshacerme de esos monstruos a los que haces referencia, notando el cariño (por supuesto).
      Muevo ahora un poco hacia la izquierda una vía, para agradecerle –entre sonrisas, el certificado de asistente de conducción-inducción que me habéis conferido, je, je (no puedo evitar que me haga gracia tal ocurrencia simpática)… Agárrense fuerte, que soy novata en esto de girar vías…

      Por una vez no me despido, creo que deberíamos ir eliminando palabras de nuestro bagaje, que intuyo será largo y reconfortante.
      Mejor me quedo acariciando al gato de Alicia (el de ´yo´ se llama Sami), estoy segura que él sabrá radiografiarme mejor que nadie ;)).

      Recordando al gran Grouxo me despido (por hoy).

      …¡más madera, más madera!…

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    4. Tú lo has dicho, YO: aquí tienes y tendrás siempre una vía privilegiada sobre la que poder caminar, andando y desandando a tu antojo sobre el filo de la memoria; sintiendo el frío del raíl, sí, pero sólo de entrada, verás como poco a poco, con cada pisada helada, se va calentando ;))

      Te imagino en esa infancia tuya inventada y sonrío con ternura al ver una niña-gato acurrucada en un sillón deshilachado, al calor más que de un caldero de una radio, creando con su imaginario el futuro germen de tantos y tantos universos como conforman tus textos (universos que nos regalas para que podamos nosotros también habitarlos y sentirnos, moviéndonos por ellos, otra vez niños-gatos...)

      Extraño cabalgar el de estos días, ciertamente. Me encanta la frase, es el inicio de todo un nuevo universo, igual que 'hasta las caídas son hermosas' (creencia que comparto)...quizás haya sembrado aquí con estas palabras el inicio de un viaje, una estación, una vía, un algo...;))

      Me gusta lo de eliminar elementos de despedida de este nuestro reconfortante bagaje...la idea de un equipaje que no es tal, unas maletas vacías que ir llenando, me agrada profundamente y me hacen también sonreír..

      (PD: quizás llegue este fin de semana un hermano de Sami a esta cabina, si así sucede, la mantendremos informada de su emocionante aparición en 'escena' y de cómo salimos en las radiografías ;))

      Y viva Groucho y su madera, que nunca nos falte!!

      Un abrazo enorme (que no silbido, ya usted sabe, jeje)

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  4. (Se me olvido decirle que me adentré en la foto para esconderme un rato. Con solo un silbido saldré si me necesita para algo;)).

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    1. Qué bueno que adivinaste que el árbol era para esconderse cuando es necesario. Eso sí, si te necesito, no silbaré –es una incapacidad que poseo, jaja- pero te lo haré saber a mi manera....-tú, si sabes, que seguro que sí, puedes utilizar el silbido como reclamo si necesitas que sea yo quien entre en el bosque ;))

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    2. Yo silbaré, pués ;))....

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  5. Sin duda, matamos dioses y enterramos despojos.

    Creamos heroes para encarcelar villanos, rara raza esta de los humanos.

    ...Solo se conoce y domina aquello que se domestica, -dijo el zorro-... " El Principito".

    Enterrasteis y a la par tatuásteis su no recuerdo en vuestro recuerdo, para siempre.

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    1. Carmeloti, la sentencia 'matamos dioses y enterramos despojos' es un puño encerrando el relato entero. No podría haberse reducido mejor a su esencia, chapó!

      Sorprendente que hables de tatuar un no-recuerdo en un recuerdo, con algo similar se está llenando desde hace un tiempo uno de nuestros vagones....¿será que anduvo espiando? ;))

      Es muy triste pero el zorro quizás tenga razón en gran medida. Quizás cambiaría algunos verbos, pero sólo porque me hacen daño a la vista...sé que son los adecuados (raros somos los humanos como dices) Es difícil, pero necesario 'domesticar' (ay, me sigue doliendo el verbo, pero el sinónimo o similar con que lo sustituiría vendría a jugar el mismo papel...) el espíritu, la propia vida. La sangre. Conocernos para poder discurrir en la dirección correcta, la que queremos...

      Un beso y muchas gracias por subirte al tren.

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  6. He de reconocer que tras una lectura más minuciosa, o mejor dicho tras varios intentos he captado la belleza del texto. Decir belleza, es decir sustitutivo de otra cosa que no podemos nombrar. Y así me parece. Batallar en este relato me empequeñece, me impregna de sustancias que vienen del sueño, del sueño como alimento de la inteligencia y caído, la yerba húmeda y fría de la cuneta de las vías, pues así me siento después de abandonar este tren, me despierta apartando con cariño tu fantasía. Un frío polar podría decir. Podría decir que estaría listo para matar a un dios también, o a un oso, con la deferencia del cazador de la región subártica. Un segundo Blues. Para apaciguar el espíritu del oso agonizante.

    Enhorabuena por el relato, consigues comunicar sin la necesidad de imágenes. Usas palabras que permeabilizan el alma.

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    1. Es siempre maravilloso emprender un viaje con esta tripulación. Existe aquí un carril que siempre conduce al corazón, a la entraña. Lamento profundamente mi incapacidad para comentar estos últimos días. Entradas como esta merecen ser comentadas con amor. Pero cuando faltan las palabras el amor es un admirado silencio. Beso a toda esta tripulacíón que tanto quiero...

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    2. Batallar fue lo que hicimos al escribirlo; batallar con sueños, con memorias de lo antiguo, con lo vivo y lo muerto, con presencias extinguidas o incluso 'no-existidas', pero sin duda que batallamos. Por eso me alegra saber que tú batallases también con el relato, no podía leerse de otra manera. Siento que al abandonar el tren cayeses en la fría cuneta, pero sé que es bueno, así que al mismo tiempo me alegro, porque es ese frío el que te dio la fuerza para creer que podrías matar un dios (fuerza de la que en este tren tenemos absoluta certeza...igual que sabemos que podrías de la nada crearlo...)
      En cuanto al oso, sé que lo matarías, pero con ese respeto que sólo posee el verdadero cazador, el que en el fondo se duele de su acto porque ama profundamente la vida. Aunque esté aniquilando una pequeña porción de la misma lo hará con sus propias manos y a cara descubierta, mirándole a los ojos. Sabe que cualquier ser, por mínimo que sea, contiene en esencia el universo entero. Igual que tus palabras. Siempre (aunque no te guste en exceso esta palabra ;))

      Eres siempre (aunque no lo pretendas) fuente de inspiración, y ese 'segundo blues. Para apaciguar el espíritu del oso agonizante' se me ha quedado clavado dentro. Apacigur el espíritu del oso agonizante...como un harpón que libera del dolor o el canto tranquilizador de una ballena (ya no sé distinguir entre los dos.....)

      Y muchísimas gracias por decir que el relato comunica sin la necesidad de imágenes! Un grandísimo halago, sí señor...

      La permeabilidad del alma sólo la siente quien la posee, así que.......mírese la fábrica de adentro, amigo Rider...

      Un fuerte abrazo. Siempre.........

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    3. Vera, tu amor es tan necesario y apreciado en este tren como tus palabras. Incluso como tu silencio cuando de puntillas pasas, cosa que agradecemos enormemente ;))
      ¿Y quién soy yo para juzgar o valorar la incapacidad temporal de leer, la hibernación en la capacidad de comentar? Ya ves que últimamente estoy sólo 'latente', casi inerte...pero volveré, siempre volvemos, es preciso coger aire. Te visito en breve, me hace falta una bocanada de la atmósfera de tu universo...

      Un bico enorme, mujer hacedora de sueños, cornisas, huecos, vuelos............

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  7. Sólo intento no dejar de ser, el trabajo más duro, porque en la espalda está la cruz de todo lo que implica "ser", de esa forma tan desesperada, arrojada, desolada. Impresionante.

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    1. Bienvenido Joven Cuervo a este tren (quizás para usted rama, o nido...acomódese a su gusto...), todo un honor recibirlo.

      Intentar no extinguirse, no perderse en las profundidades de uno mismo es un acto fruto de la desolación. Reconocerlo, la desesperación más cruda y desnuda. Un retorcerse en público que, aunque me desagrada, me causa también admiración cuando lo veo.

      Y muchas gracias por el 'impresionante'. Respondo con cordial reverencia de cabeza y mano al pecho.

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  8. Excelente material y carismático personaje. Su intento de ser me recuerda a mi placer por dejar de ser en ciertas circunstancias.
    Un saludo.

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    1. Estoy contigo Advenedizo. Es un verdadero placer el 'dejar de ser' en ciertas circunstancias. La otra cara de la moneda. Tan necesaria como intentar no dejar de ser lo que se es, lo que, como decía Cuervo, se lleva a cuestas. Y es que todo es necesario y todo se entremezcla...
      Gracias por la visita y el comentario. Encantados siempre de que se suba al tren (no lo vimos, pero seguro que es de los que lo coge en marcha, me juego el cuello...;))

      Saludos.

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viajeros que han cogido el tren.......