miércoles, 29 de febrero de 2012

Ajeno o Tras la ventana rota el Árbol Negro...(Objetos y Seres Perdidos. 2.)

fotografía de autor desconocido
 
 
 
M.13

“...el coraje…ese punto exacto en que la memoria….”


Empezó todo con una ventana rota y una escalera. Unas ganas enormes de tirarse por la primera desde los ojos y de descender desde las tripas por la segunda. No pasaba nada por hacerlo, no cabía en su cuerpo la posibilidad del dolor que esas acciones podían haberle producido; los ojos eran de Otro y las tripas eran de Una. Él, simple y demente, era Ajeno a todo aquello.
Hecha la quizás innecesaria introducción, diremos, para aliviar la tensión ocular y el destensar visceral, que había también en aquel corazón una chimenea intuida, escondida durante años en la leña cortada que, cubierta bajo un plástico negro, dentro le latía. La leña. Aquella que nunca ardía, y que Ajeno no sabía muy bien qué función cumplía en el plano, en la escena congelada de su vida, aparte de que podía usarla para soñar fuegos, aunque (tenía la esperanza) algún día descubriría para qué servía más allá de calentar aquellos sueños.
A lo lejos, tras una valla, había un duplicado de la pared donde rompía la primera ventana, desde la que, por entre el reflejo del cristal fragmentado, se veían 14 interruptores…... (catorce, que, como sabrán, además de otras trece cosas, son dos veces 7, vaya…)
No lo pensó más. De un grito, saltó desde los ojos por la ventana, descendió desde la entraña tripa abajo por la escalera y cruzó el valle tras la valla. Traspasó la doble cristalera fragmentada, bajó corriendo los peldaños y accionó el primer interruptor, el que encendía la luz que llevaba a la salida que conducía al bosque de entrada…





C.7

    “…apostarlo todo es decir sí a la vida,
aunque traiga consigo cien mil colmillos…”


Sobre el río flota inquietante una bruma, una extraña niebla inmóvil, que se eleva por encima del bosque que a lo largo de la otra orilla se extiende. Y por encima de éste, la colina, sobre la que reina el siempre lejano Árbol Negro.
Para Ajeno, tener esperanza en el futuro significa exactamente mirar a ese árbol (repito: negro) y, al llegar junto a él, viniendo como vendrá de tan lejos, creer que, sólo por eso, por la dura tarea de lograr el acercamiento, podrá alcanzarlo; que tocará su corteza –piensa-, la acariciará, arrancará después una rama, verá llenas de vida sus hojas, y entonces, de repente, el árbol, por ser tangible, por poder tocarlo, ya no será negro sino mayormente verde –piensa de nuevo-, pues estará hecho de savia, de luz. Cada parte de ese árbol estará cubierta de uno de los 7 colores, sólo para él y su esperanza. Que vendrán ambos, él y ella, de tan lejos…


Pero resulta que, tras el destello, en cada destello, será siempre el mismo Árbol…y será Negro. Lo que, por otra parte, no tiene nada de malo. Simplemente, no será lo que esperaba…





J.1.
“…había que acercarse a sus secretos y misterios
como los hebreos a la ciudad de Jericó:
dando al menos siete vueltas…………………………..”


         Desanduvo –de nuevo y por primera vez, como los auténticos caminantes- el sendero de árboles, arbustos y matorrales, aquel que tantas veces había recorrido, tan de lejos, sólo con la mirada, siempre fija en el Árbol Negro.
Pero de pronto, en medio del sendero, el camino ya no existía; ni siquiera estaban tras de sí la ventana por la que había, al fin, saltado, ni las escaleras que había bajado para llegar hasta allá arriba, a la colina…No quedaba nada del mundo viejo.
         Vagó largo rato y corto espacio por su descamino. Fue de veras un mucho tiempo, mucho más largo que el sendero, que era corto, pero no por la sinrazón del enrevesado avance desesperó. Continuaba pensando en las palabras del Carnero con el que había soñado, aquel que Una había cocinado después de Otro cazarlo, y que fue lo último que comió antes de salir al bosque. Pensó en aquellas palabras…hasta que las olvidó. Y comenzó a pensar en sí mismo de nuevo. Se deshizo, y caminó. Y por fin desavanzó, esperanzado.
Marchaba por un nuevo sendero, con la paciencia con la que los muertos  esperan al amor verdadero, pues esta vez no era él quien lo había creado, así que no podía destejerlo, desentramarlo, sólo recorrerlo. Los pacientes muertos, que no tienen nada mejor que hacer, con toda esa tierra encima, soportando su peso dentro, su fuerza opresora y también su potencia, que los saca afuera en forma de rama, gusano o hierba, mientras ellos esperan, pacientemente, la transformación. Porque se lo pueden permitir. Entonces, como si fuera él mismo un muerto, empezó a sentir nostalgia de algo que había vivido pero que no recordaba. Aunque enseguida descubrió que no era nostalgia, y se desdobló en Nós y en Talgia. Nós era un vago recuerdo de algo que ya no era, y se fue difuminando con la bruma, pero Talgia era el reflejo de todo lo que había en la otra orilla. Era como una trompa marina, ese instrumento musical de una sola cuerda muy gruesa que se toca con arco, apoyando sobre ella el dedo pulgar de la mano izquierda. Así que, aunque no estuviera en el mar, sino en el río, estiró su brazo y comenzó a tocar…

 



A.9.
“…el criterio de la realidad es
su intrínseca falta de relación…”


A la llamada de la trompa marina que con dulzura de agua de río tocaba Talgia, respondió una comitiva de seres en procesión de, desde, hasta, para, por el exilio. Se unieron a Ajeno y su música y dejaron que él los guiara. Él, que no sabía por dónde iba, y a quien tampoco le importaba. Sólo sabía que quería llegar a la cima de la colina, a descansar a los pies del Árbol Negro de la esperanza.
Descubrió Ajeno entonces que la marcha de los exiliados no es realmente una “marcha”, ni siquiera es un sustantivo. La marcha, unida al exilio, no es una palabra, es la esencia del acto. No es una huida, no nos equivoquemos, es el anhelo de una llegada, pues en realidad no escapan de algo, sino que van al encuentro de sí mismos.  Es un algo que sólo puede ser comprendido cuando el viaje acaba, es un sentir profundo de otro mundo, más allá del que dejan, ése que les escupe a la cara, que se les acaba; es una intuición que crece y crece, construyéndose hasta completarse, al fin, en el fin de su movimiento vagabundo.
Y comprobó también que el deseo de desfilar triunfantes bajo el Arco de la Gloria no es nunca una meta que encuentre espacio entre sus límites, entre sus deseos de exiliados. Sólo buscan una frontera que no los limite y que puedan cruzar bailando, descalzos. Una frontera que no sea un tiburón que, mientras sonríe, ausente, como si el terror no partiera de su boca, los devora...
Simplemente, no hay anhelo de desfile, sólo esperan conseguir reposo. Quietud. Un respiro. Un banco...





S.16.                                               
“…hacia atrás va y se convierte en fuente,
y ahoga a todo el que se resiste a beber…”


Y apareció ese banco, y allí se quedaron. Pero no importó, pues Ajeno hacía tiempo que se había despistado de la fila y ya no seguía la línea del exilio.
Se paró, eso sí, antes de olvidar lo aprendido con ellos, para cerrar los ojos y saborear los mundos mágicos y arcanos que de pronto había recordado con los cuentos que narraban los ancianos que cerraban la comitiva. Se quedó paralizado, profundamente fascinado por el encuentro inesperado con los fantasmas inofensivos que le observaban desde tan lejano pasado. Se convirtió por un instante él mismo en el anhelo más profundo de aquéllos: fue quietud, paz, un momento de respiro. ¿Respiro? Fue pensarlo, e inmediatamente volvió a respirar. Y abrió los ojos... Seguía sentado bajo el árbol, pero seguía corriendo. Llegó entonces a la esquina más alejada de la colina (habría sido tan fácil jugar a llamarle casa, tanto, que lloró en silencio por todo lo perdido)
Allí le esperaba Otro, tendido junto al Carnero justo antes de cazarlo, antes de que pudieran comerlo, antes de que partiera en su viaje...





Y.14.

“…la inexplicable alegría del pez hueco…”


Otro estaba dormido y Carnero comía hierba sin parar y repetía todo el rato “no es verde; lo ves así, así que no lo creas”. Y Ajeno miraba cómo comía, y cuanto más miraba, más el Carnero comía, y más verde era la hierba que Ajeno veía. Y así estuvieron durante horas, venas, días, hasta que de repente, Carnero (que hacía tiempo que se había vuelto mayúsculo), se vació de todo lo comido y escupió a los pies de Ajeno  todo lo que antes lo había nutrido.
Y le dijo: “esto sí; esto que durante largo tiempo mastiqué, tragué y ahora escupo ante ti, esto, sí puedes decir que es verde. Aunque ya sé que lo ves negro...” Y desapareció. 



Ajeno permaneció allí, de pie, petrificado, más solo de lo que nunca antes había estado, pues efectivamente, no veía nada. Para él no había nada a sus pies…sólo un manto negro a los pies del Árbol Negro……………y aún así, decidió quedarse allí, feliz por haber llegado finalmente a su destino…………………………………………………….

viernes, 24 de febrero de 2012

De todas las almas las raíces. (Tintas Chinas. 1.)

raíces de pino microrrizadas (desconozco autoría)



La revolución se juega de pronto, a golpe de pestañeo, batir de alas o chasquido de lengua.
Va de frente  pero arranca desde una esquina, una roca, un borde afilado...El coraje de saltar
dura un instante, tan fugaz su impulso como la entereza de una gota de agua o el silencio curvo
de alas dentadas cortando el aire en vuelo hacia el sol para huir del Vacío. Desde el caos 
hasta la forma última del amor hay todo un universo de mutaciones geométricas metales
enredaderas espirales derivadas de la energía que habita en el corazón más puro. Un color
una mancha un recuerdo borroso del estado primero no clasificable de los nombres de las cosas,
aquel que ni sólido ni líquido ni gaseoso sino etéreo jardín subterráneo, trasgresor y hermoso
creciendo hacia la entraña, busca resolver su contradicción de desierto y sin embargo fértil,
luchando por aferrarse al extremo más frágil de la desintegración del alma a través del cuerpo. 

Los cuerpos, de todas las almas las raíces.

Raíces. Como un fértil sueño capturado en tinta china...


Raíces - Isabel de Clemente

lunes, 20 de febrero de 2012

...porque la historia cabe en mil acres...(Cartografía ferroviaria. 1.)

The Fool's Cap Map of the World


'Y pasar por los sitios, pasar, y creer
que porque por encima hemos pasado,
en ellos hemos estado.....................'

Jueguen, si quieren, a adivinar quién y cuándo hizo este té... 



Mil acres. La historia de esta historia cabe en mil acres. El principio de la misma se encuentra en el último marco y sólo se conoce el inicio cuando se ha llegado al final. Es una historia. Cabe en mil acres….

(...la historia es incluso la tetera que chirría porque no se ha puesto al fuego...)

Sumergir el arte todo para ayudar a conformar el paisaje invisible, submarino, renegar del re-conocimiento externo, buscar la profundidad de la carencia a simple vista, vista con la simpleza del que sólo ve aquello que no está, ‘lo que falta’, dice. Y lo dice con Cadencia, esa loca rítmica impulso cardíaco y venga, que se da otra vuelta más a los mil acres de la historia…y sigue sin ver nada.

Mil acres encerraba el mapa, y aún así no había nada en aquella jaula de no pertenencia, tan absurda según los modos y concepciones del terreno que la habitaba.

Nos dijeron a la entrada que hay al final del camino que era necesario trazar un plan para movernos de A a C, y que para poder pisar el suelo era imprescindible pasar por B, pero al hacerlo descubrimos que no funciona así el contacto con la tierra, ni tampoco la rotación del mundo, su maquinaria interna, la secreta, la del ayuno, la que se espía por el minúsculo agujero de una cerradura, ése que muestra que el tamaño de las cosas es una perversión del espacio, un pequeño divertimento del dios Sensor…

Podemos creer que ya está todo dicho, y sin embargo, a cada segundo, se produce una explosión en una boca, cualquier boca, no pongamos etiquetas. Una explosión, a cada instante en cada boca, fruto de la primera expresión de un verbo, un adjetivo, un monumento. Sin etiquetas...

Hay milagros y hay asuntos, pero parece que todos ellos se convierten en simples rumores trasquilados por las voces…y vuelta otra vez a los mil acres…a la historia…

y yo sin un fuego para disparar esta tetera…para quemar el mapa…


viernes, 3 de febrero de 2012

Como nuvens pelo céu...















 fotos de Revisora (por suerte la mala calidad de las mismas
no resta belleza a la Belleza.......)




 'Como nuvens pelo céu
Passam os sonhos por mim...'

Fernando Pessoa.



Como este cielo del 30 de enero y sus nubes. Así pasa esta tarde.
Hermosa, tranquila. Y mientras viajo, leo, y escucho música brasileña.
Bálsamo para oídos y corazón. Calor para la belleza y el amor.
...como nubes por el cielo pasan los sueños (y el amor) por mí...



(¿se os mostró este cielo también ese día...? Ojalá que sí...;))