viernes, 13 de julio de 2012

Ánima lepidóptera. Viajeros y rincones. 9.



 dibujo y foto de Revisora



Eran dos las costureras. Dos. Sin más rostro
que dos pequeñas bocas con las que inspirar
el aire que convertirían más tarde
en el aliento de su creación.


        A media luz trabajaban las costureras, día y noche, en su taller de sombras y sutilezas. El carecer de ojos hacía que su percepción y su tacto fueran sutiles, mucho más eficientes que los de aquellos afamados sastrecillos que se perdían en banales detalles, en meras distracciones estéticas que nada tenían que ver con la calidez del abrazo o el exquisito aroma de los colores. Les permitía la ceguera trabajar más ligeras, pues la carencia propicia siempre la comprensión de lo esencial, en este caso la del viento, tan necesario en el futuro devenir de las alas de su mariposa.
Comenzaban por el pequeño tronco, el eje central, la sujeción del cuerpo contenida en apenas un centímetro. Colocaban una ramita de eneldo entre ellas, y con hilo de plata iban tejiendo la estructura básica a modo de maniquí, para poder manejarlo sin verse interrumpidas por las peticiones, sugerencias, quejas, del futuro ser. Ellas sabían qué había de darle vida, y cómo, y en ese punto primero de la creación lo último que querían era ser interrumpidas, sus dedos flotando al ritmo del tacto, del conocimiento inherente del modo en que debe formarse la belleza.
Una vez creado el armazón interno del pequeño lepidóptero, llevaban a cabo un delicado y maravilloso ritual: introducían sus manos en el lugar que ocuparían los brazos de él, si ése –el tener articulaciones humanas- hubiese de ser su destino, y se colocaban de tal modo que, observadas desde lejos, parecían ellas mismas, junto con el minúsculo tronco, una singular mariposa.
Sorprendentemente, al tiempo que sucedía esto, comenzaba a sonar, dentro de ese pecho primigenio de la futura mariposa, una melodía, un canto, y a medida que avanzaba la voz por el río del sonido, el hilo de plata se mecía ondulantemente e iba cambiando de color según el tono y los sentimientos de aquella extraña voz interna, que no propia.



Pero en cuanto cesaba la música, lo que acontecía era incluso más extraordinario: aquel primer tronco, atravesado por la ramita, dejaba crecer una diminuta cabeza, en la que, poco a poco, iba aflorando un rostro. En ocasiones era éste una representación perfecta del asombro de saberse naciendo; a veces lo era de simple y pura alegría, y otras, como la última vez que vi nacer de entre las dos costureras una mariposa, ese rostro que nacía de la nada se mostraba, aunque hermoso, lleno del dolor que sienten las cosas al crecer, y por tanto, revestido de una mueca de protesta. Las costureras, para mi sorpresa, no se  molestaban ante esta queja (muda, pues todavía no le habían insuflado el aliento necesario para expresarse), sino todo lo contrario: sonreían como amantes madres ante el llanto quejicoso de su cría cuando no está provocado por un mal terrible sino por mera expresión del yo.
Sonreían y continuaban con su trabajo, aunque en esta última ocasión, mientras las pintaba desde mi rincón, fui descubierta al caérseme un lápiz. Se giraron hacia mí, llenaron la habitación de los vientos del enojo, y me obligaron a cerrar los ojos con el calor abrasador y la fuerza de las incendiarias corrientes originadas por su enfado. 


foto de Revisora

Para cuando pude parpadear y fijar los ojos en mi rincón favorito del vagón, sólo quedaba de ellas mi dibujo a medio hacer... y un montón de ramitas de eneldo esparcidas por toda la habitación…



Es curioso cómo por lo general solemos pasar por alto
las diferencias en los tejidos y colores, las sutilezas,
que componen cada milímetro de una mariposa,
tomando ésta por un todo uniforme, y sin embargo,
cuando se observa de cerca, con los ojos cerrados,
atentos al aleteo de su cuerpo contra el aire,
                                                                       podemos percibir la maravilla que representa 
                                                                             
                                                                    su mera existencia.



foto de Muchacho


Como cuando cerramos los ojos
ante nuestro rincón favorito
del vagón..................


 foto (y rincón favorito) de Revisora

 

9 comentarios:

  1. La sastrería de la metamorfosis. La conversión de la seda en belleza alada, en vuelo espolvoreado con cientos, miles de colores, que crean un patrón único. No existe mejor diseñador que la naturaleza y hace bien en guardar con recelo sus secretos. Los misterios siempre se resisten, se encierran y desaparecen cuando creen que van a ser desvelados, así es su naturaleza, desconfiada y secreta. Y en ello está el placer de espiarla, en esa curiosidad interminable, irritable en ocasiones, pero cegadora como un chispazo cuando por un momento vislumbramos parte de su misterio. Una luz que persiste tiritando en nuestras pupilas, avivando la curiosidad de una realidad que creemos haber alcanzado por un momento, un instante imperecedero.
    Besos Revisora, un dibujo precioso, contento de descubrir esa faceta entre la tripulación de este convoy. Rincón favorito del camarote lleno de instantes, de objetos-misterios. Besos entre aleteos de mariposas

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    1. Aka, muchísimas gracias por tu comentario. La verdad es que me gusta bastante más que lo que he escrito yo, jeje.
      Es lo que tienen los misterios y los secretos, su belleza reside en la sombra y el silencio, en lo que habita en ese hueco chiquito entre realidad y horizonte, lo que no se ve, sólo se percibe…
      Supongo que Natura necesita operar con la mayor de las cautelas, conocedora como es de nuestra voracidad sin freno. Mejor así, a los necios y maliciosos los mantiene alejados de su piel, y a los puros les permite todavía jugar por entre los pliegues de su falda, les consiente el placer del libre albedrío en la imaginación ;))

      Gracias por los halagos, no se merecen. Aprendices de costureras y sastres somos nada más los tripulantes y viajeros de este tren (cada vez más desvencijado y con horarios más disparatados, aunque intentaremos ir llegando a horas menos intempestivas…)

      Besos entre tintineos de campanas que se alejan. Ojalá hoy veas una mariposa blanca xD

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  2. Hay días que me gustaría tener colgadas del cuello dos cámaras fotográficas, cómo poco, una, y esa estaría reservada a mi gata. Tendría la música constante, al percibir el deletreo hilado de digamos una vida, 10.000 fotogramas dentro de un dedo. Que capta. Escucha y dirige como una diligente mantis religiosa. Huella tras huella, derrota para unos y vida para otros.

    la belleza ha de ser una constante, abrazos maquinista

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    1. http://www.youtube.com/watch?v=YLsOLM9UQ3w&feature=relmfu

      e licor de herbas

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    2. "la belleza ha de ser una constante"...poco más puedo añadir, si acaso que la espera ha de ser paciente, y las palabras dulces. El silencio honesto.


      Podrías tener mil cámaras y aún así ninguna sería capaz de captar la belleza que brilla en tus ojos al observar a Betsy en pirueta, felínico gesto o delicado sueño... pero admiro lo hermoso de tu anhelo, la elevada aspiración de tus dedos queriendo hacer permanencia....


      para min crema de orujo, xa sabes xDD

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  3. Este cuento es de las creaciones emotivas más maravillosas que te he visto construir, queridísima Revisora.
    No te miento al contarte, medio secretamente, que lo he leído una decena de veces, curiosamente en cada momento descubrí algo nuevo, un pequeño matiz que no había percibido antes, y mi corazón, sobresaltado por la emoción se ha llenado de alegría.
    La admiro tantísimo… no se imagina cuánto, mi señorita alada.
    No pude evitar imaginármela sentada bajo el cálido sol en su silla artesana, tomando delicadamente sus lapiceros, mientras escuchaba Madame butterfly y cerraba los ojos mientras sus propias alas de mariposa batían vivazmente al compás de la música.

    No hay nada más hermoso que ser, esa es la pura verdad, no importa el qué o de qué modo. No importa siquiera haber crecido como una ínfima y minúscula mota de polvo, si en esencia sentiste el tiempo navegar por la sangre, por la piel.
    Hemos hablado muchísimas veces de la piel, lo sé, pero también sé que para nosotras representa un modo de vivir la vida, la nuestra, de ejercer nuestra libertad para sorprendernos, incluso para sufrir.
    Todo aquello eximido de la naturaleza es cruel, no es auténtico, no se puede sentir en las manos ni en el latido. Es algo muerto… y nosotras deseamos vivir cada instante, repito, aunque nos duela.

    Solo cuando nos sentimos pequeños, infinitamente más pequeños, es cuando recuperamos la esencia de la sabia comprensión de nuestro entorno. El mundo gira sin apenas percibir sus ejes, pero jamás se detiene, y nosotros, al golpear con fuerza la tierra; viviendo, tejiendo risas, precipitando los ojos al llanto, respirando hasta sentir que colmamos nuestros pulmones. Entonces es cuando pertenecemos a ese movimiento rotatorio, circular e inconstante, cuando realmente comprendemos que pertenecemos a un lugar donde todo se crea y se destruye, donde lo esencial no representa los bienes. Nuestra riqueza es la alegría, la vitalidad, el ahondar en la herida, el ser capaz de reforzarnos tras haber caído.

    Y el tiempo es una pista enorme… a la que apenas le rendimos cuentas. Mucha ignorancia vaga aun perdida en este mundo.

    Eres capaz de hacerme sentir, de invitarnos a tu viaje más introspectivo y vital. Eres tremendamente generosa con quienes te leen.
    Es algo que yo agradezco, que me dejes compartir tu pequeño-gran mundo, que te dejes ver… sólo hay un espejo para cada uno. Buscamos a veces el reflejo en otras caras y vidas, pero al final voltean nuestras cabezas, y reconocemos a aquél que siempre ha de acompañarnos en este viaje.

    Infinitas gracias, por mostrarme ese rincón al que escapas en tu hogar, por esta maravillosa pieza de Puccini, y por la autenticidad de tus palabras.

    Besos, mi niña.

    Regresaré, no lo dudes.

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    1. Hola, linda.

      No sabes cuánto me alegra que hayas subido al tren a dar un paseo, aleteando de vagón en vagón.

      Cierto, la existencia aunque duela. Siempre. Eso sí, no pongamos sobre nuestras espaldas más sufrimiento del inevitable (sólo es necesario el que nos hace aprender y avanzar, el que se transforma en cadena oxidada, ése hay que aprender a desintegrarlo..........pensar mariposas sea quizás una buena forma, quién sabe ;))

      Muchas gracias a ti, linda, por agradecer tanto (no estoy segura de que se merezca, pero es agradable y halagador, hace correr la brisa, jeje)

      Regresa cuando y cuanto quieras, tu asiento ahí está, incluso tu ventana en el pasillo para tomar aire cuando así lo necesites ;))

      Bicos!!

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  4. Siempre me gustaron las costureras ciegas tejiendo escarabajos.

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    1. Y a mí me encantan los escarabajos, que además terminan por comerse los ojitos de las costureras para que sigan tejiendo allá, bajo tierra, nuevas vidas y disfraces...

      (PD: Merci beaucoup por el viajecito, un placer que suba de vez en cuando a echarse un pitillo en el tren ;))

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viajeros que han cogido el tren.......