martes, 21 de agosto de 2012

Amor, nunca hambre. Catecismo interno. (Diario de Muchacho. 1.)



foto de Revisora



Muchacho iba creciendo, y como todo aquello que en la naturaleza crece, sentía la angustia de su propia metamorfosis, al mismo tiempo que comenzaba a vislumbrar el poder que de todo cambio se deriva, la fuerza del ser por encima de lo externo. Percibía lo que subyace a todo anhelo, lo oscuro y lo placentero, la verdad inherente a los secretos, las mentiras inevitables en cada grito escupido al viento…  
Comenzó por aquel entonces a hacer preguntas de toda índole, incluido aquello que, ingenuamente, creí, deseé, que nunca le interesaría: la religión. Así, aquella mañana, una vez llegados a los campos de hibisco, cambió su semblante y anunció muy serio que quería parar en la estación de Montenegro. Nunca antes había pedido nada, y mucho menos variar el rumbo de la locomotora, pero esta vez surgió de detrás de su voz otra nueva, una que ni siquiera él conocía, y que nació porque necesitaba reclamar. Se puso más recto que nunca y, muy solemnemente, me comunicó que quería entrar en la pequeña iglesia que había en la cima de la colina. No negaré que me disgustó la idea sobremanera, pero pasada la inicial turbación, recompuse mi vieja voz y dije ‘Ve’. Detuve el tren y le dejé marchar.
Era inevitable que sucediese esto algún día. Al tren suben todo tipo de viajeros, incluidos aquellos que de vez en cuando van a esta pequeña capilla a dejar sus ruegos, llevándose a cambio a veces esperanzas, a veces decepción. Más siempre se produce algún cambio interior.
Tiene gracia, ahora, al recordarlo, me doy cuenta de que lo más ridículo es que él fue por simple curiosidad, simplemente quería saber qué hacía aquella gente allí, y si su espíritu estaba hecho para la religión o si, por el contrario, le llegaba con saberlo ahí, llenando su cuerpo y mente, y que no precisaba más que sentir su propia esencia en comunión con todo lo que le rodea; mientras, yo me quedé en el tren, rezando como nunca antes lo había hecho, pidiéndole a Dios que no le engañase y no se lo quisiera llevar. Yo, hablando con ése al que, aunque respeto, no sigo, ni en él creo…yo rezando, tan contra natura…



(Esto es lo único que Muchacho escribió aquel día en su diario, aquel que comenzó a redactar el día en que abandonamos la estación de Pristic, de la que hablaremos más adelante….)

‘Eran as formas do caos, non do vacío
-e confundinas.’ Pilar Pallarés
(Eran las formas del caos, no del vacío
-y las confundí)

Mi propia mirada abre túneles tras mis párpados
y gracias a mi espíritu veo la vida a plena luz.
Y es en esta vida, esta luz, este tren, en lo que yo creo.

Los sentimientos se mezclan y se pisan unos a otros,
Este lugar proporciona paz, ciertamente, pero es por la piedra y la humedad,
el fresco cobijo. Nada más. Escribiré a toda prisa, intentando traer a mi mente lo que allí sentí, sólo por ver si tengo razón o me engaño a mí mismo al afirmar lo que arriba he escrito…


Yo, hasta entonces ser
casi inerte, tan contra natura,
como un animal salvaje obeso
sucediéndome en cautiverio, como si nunca
hubiera sido otra cosa, como si siempre
la inmovilidad interna de lo que acontece
dentro del incesante movimiento
del tren, fuese su energía más potente y antigua,
mi fuente a sus pies. Arrodillarme
y beber con la voracidad
de la lucha inevitable de todo
huérfano. Exactamente como el germen
que dio semilla
a esta tierra, cualquier tierra, adivinanza
a pleno sol, en la sombra
aquello que ha de venir
después de que todo haya acontecido, finalizado
para que pueda ser olvidado. El comienzo
se encontrará ahí de nuevo, en el margen más líquido
del gas noble, tan contra natura su estado,
sin reaccionar ante nada. Inmóvil
pero puro. Su perfección parece
al necio un insulto, mas al paciente
todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos
…esta lucha con Dios a muerte. Dios. Tan contra natura
y sin embargo…a sus pies sus fieles, arrancándose los ojos,
mas casi con total seguridad
lo hacen por hambre, no por amor… 

…tan contra natura…


Me reafirmo pues, y grabo en mi interior el conocimiento de que  
es únicamente mi mirada la que abre túneles tras mis párpados.
La que me conduce a través de mí mismo y me lleva
hasta mi corazón.

domingo, 12 de agosto de 2012

Llámenme Al. Cuestión de reajustes internos. (Mantenimiento des-mecánico 1.)


En todo viaje hay siempre incidentes y accidentes,
reajustes internos. Trabajos de mantenimiento.

Enn finn, que este tren sufrió hace poco un 'intento de mejora' por parte del cuerpo técnico, pero en lugar de una mejoría estética se produjo un empobrecimiento terrible en su aspecto, estructura y disposición geométrica. Un fiasco, vamos. Pero como dicen en Polonia, esperemos que 'po katastrofie' (después del desastre), todo tenga un color nuevo, y que brille, que brille!
Mientras tanto, como todo está patas arriba, yo les llamaré a todos ustedes 'Betty' y ustedes pueden llamarme 'Al'...



(Nota: el álbum Graceland de Paul Simon es uno de los mejores discos de la historia. Y este concierto en Zimbabwe...........no words...........there were angels in the architecture spinning in infinity ;))

martes, 7 de agosto de 2012

Norma 06. London Calling y Emma responde...

foto de Revisora (Serie London Calling - Norma '06)


Hoy encontré este poema que colgué hace un tiempo en
un comentario en el fabuloso blog de Emma Gunst 
Me apetece compartirlo. Sin más. 
Surgió de una entrada suya en la que explicaba que
había un poema de Cristina Peri Rossi muy visitado, 
nombraba a Marilyn y llegaban seres hambrientos
de todas partes del mundo, cegados por 
el falso brillo de la carne...



1.890 hambrientos buscan el cuerpo 
desnudo, incluso ahora
que está muerto,
de la dulce descalza Marilyn.
Hallaron en lugar 
de su losa silueta
el hachazo de un poema.
Una mortal ruleta.
La lujuria hecha pedazos,
fantasía desfigurada. Real y dura
como una azada.

Olisqueaban los perros
un cuello, una boca, un muslo.
Unos cabellos rubios,
unas uñas rojas, media mano.
Pero les sacudió un trueno, 
recibieron un puñetazo.
Y sucedió todo a la distancia justa
que permitía ver,
si hubiesen querido,
de verdad y por primera vez,
sus pies cercanos.
Los pies limpios y arrugados
de después de la sal.
Los hermosos pies descalzos
de la perfecta mujer sin maquillar.

¿Qué habrá sido
de los insaciables
desde entonces?

¿Habrán agradecido el efecto catártico 
de aquellos versos, el disparo 
volándoles los sexos?
(Versos que, por otra parte,
no habrían encontrado
si no anduvieran espiando, creyendo 
rebuscar
como ratas famélicas
en sucios escondidos rincones
en lugar de en tan sagrado espacio)


¿Se habrán parado quizás a leer
lo que contaba Cristina
al pie de la imagen
o habrán escapado
de las palabras, calientes y vivas
como sus venas de humana?
 
¿Habrán quizás, pobres,
continuado hirviéndola en la olla
de la fantasía sexual? ¿Removiéndola 
en círculos, con la cuchara 
del acero de las oscuras dobles vidas,
con sus manos tecleadoras y frías?

¿Habrá comprendido alguno,
al menos uno,
la esencia de la grandeza
de la pequeña Monroe,
la delicada sencillez de su verdadero nombre?

Y es que casi ninguno lo sabía, 
pero alguno habrá que al fin se enteró
 
(quiero creer al menos en uno, 
quiero uno uno uno)

Marilyn no era ni más ni MENOS
que una, otra, pequeñita gran mujer.
 
Una normal y casual Jean…

(Qué pena, digo yo, que ninguno comentase el poema
sobre todo ése que, de pronto, seguro la vio…
……porque yo sé que hay uno……lo sé....hay uno.....)