martes, 11 de septiembre de 2012

Budapest en la Orilla. Paradas imantadas. 1.


foto de Revisora




 
Sobre la orilla oeste, remo inmóvil
tierra adentro para tejer bien
lo fino de lo sagrado que
desde ayer
alimenta todo río
del futuro, limo fértil.

Acá en Budapest,
la palma de la arena, la mano
desenroscando                        un muelle

para naves       -navegable

en toda su extensión,
en la línea, la curva contenida,
la demarcación sobre lo efímero
el aire, inexistente y tan así, tan dentro
la lluvia por venir

me despertó la sed
                       
                        cerca del bosque

y me fui al mar
puente  límite de lo impreciso
para poder allí, en el azul borroso
conocer la exactitud, la cantidad
y variar la dirección, la medida
de la orilla enroscada
en mis pies, ésa que precisaban
mis pies, tan hechos
para no alcanzar

antes de la lluvia lo profundo
        
antes de lo profundo lo profundo…


-bajo la orilla el mar


10 comentarios:

  1. Orilla felina enredándose en nuestros pies, haciéndonos trastabillar hasta caer a la vida. Respirar la lluvia, amamantarse de agua. Quizás algún día sabremos algo acerca de la exactitud...(bueno, revisora lleva el mar en los ojos..) Bico querida. Por cierto que me encanta la foto

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    1. Gracias, linda ;))

      (...se me ocurre que quizás el instante justo antes de la muerte es el momento en que se conoce la exactitud de todo....quién sabe....)
      Bicachuss!!

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  2. “la orilla enroscada” así debe ser un poco esa barroca ciudad que tuviste suerte de visitar. Te imagino deambulando y palmoteando cada rincón en busca de su resonancia. Escuchando el “lélek” oculto, aliento sagrado ya desde la primera sílaba expelida. La poesía alcanza el marco interminable de recuerdo, del sueño puro. Así un poco, los viajes son búsquedas del sueño natalicio, del pie pequeño, de la mano pequeña. Esos espacios que guardan en la huella, mortal, el fósil, el puente que aloja y no aleja. Alcanzar el bosque al mismo tiempo que el deseo, siempre inconsciente, bebe del mar, erosionando como un torbellino, como una respiración, todos aquellos lugares que anhelamos. Lo malo, maquinista, o lo perverso, es que muchos de estos anhelos son finitos. No sacian. Creemos beber el mar cuando el mar son nuestros labios.
    Abrazos.

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    1. Acertaste en la deambulación y la búsqueda de resonancias palpables y palpitantes, touché ;))
      A los viajes ciertamente voy pequeñita para regresar inmensa -aunque en nada me desinflo y retorno a la apariencia normal, el tamaño y volumen ya nunca serán los mismos...-
      Abrazos fuertes, in-conscientes...

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  3. a veces el lirismo es tal que Buda desaparece y sólo nos queda la orilla contraria.

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    1. Buda es un burlón, y aparece y desaparece a su antojo por el puro divertimento de nuestra estupefacción ;))
      La orilla contraria siempre asusta, pero suele ser también la mejor..

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  4. cuando todo lo demás desaparece, solo nuestra mente sigue conteniendo ese agua, esa arena, ese mar...
    grande...

    pasate por mi blog, hay algo para ti...

    un saludo

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    1. Podría desaparecer todo menos el mar y no sucedería nada, todo estaría bien, pues lo necesario y valioso reside en él ;))

      Besos, Sh6y, paso por allí, aunque sea con un poquito de retraso xDD

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  5. El tren a parado en Budapest? Bonito lugar.
    Lo sagrado tiene que seguir siéndolo, sino no hay nada.
    Un besito :)

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    1. En realidad fue un tren del pasado, pero uno tan sagrado, todavía hoy, que por eso sigue aún aquí ;))
      Budapest es maravillosa, sin duda, ojalá pueda volver pronto!

      Besitos para ti, Ina ;))

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viajeros que han cogido el tren.......