lunes, 26 de noviembre de 2012

Nuevos horizontes.

 Obra de Hua Yen



Comienza el tiempo de escuchar
el sonido de la nieve el latido 
azul intercostal 
el oro durmiente 
bajo el blanco escudo
sostén de la mañana.

El refugio para los viajeros del agua
oculto 
bajo el manto transparente del oxígeno diluido
bajo la armadura de sal 

me espera. Ya tengo la dirección
y a su búsqueda me entrego.

Nuevos horizontes, a vosotros voy.   

domingo, 4 de noviembre de 2012

Pièce de résistance. Viajeros Apátridas. 6/3.




 foto de Revisora


“Tenía la vocación para pintar, pero no el talento. Incluso hoy en día, me sigo preocupando exclusivamente por la relación de pasión y fuerza en un cuadro, como un poeta que dedicase todo su esfuerzo a la perfección de las rimas y el equilibrio rítmico”.

“Dibujo en función del color que quiero pintar, es el conjunto, la gama. He abandonado un cuadro rojo en primavera, porque hace demasiado calor, y luego lo he retomado en otoño, porque ya empieza a hacer un poco de frío, y entonces pinto el rojo, pero no lo puedo hacer mientras hace calor”.

María Helena Vieira da Silva



La geometría caótica del viento. Su fuerza combativa. Su potencia de frenado o arrastre según la posición del objeto a manipular. Como un cuerpo bailando en la feria.

La pasarela sobre el río y la brisa. Los cuerpos.
El amor para sobreponerse al mundo.




 Vieira da Silva



Las ondulaciones internas de la fiesta, la corriente de viento propia que genera y que sólo es perceptible a los sentidos de la memoria cuando se abandona el campo bailado. Mientras permanecemos en la feria somos sólo destellos, roce, mirada y gesto. No hay continuidad espacio-temporal. Giramos cogidos de las manos, confiamos en la fuerza centrífuga de la melodía. El color se vuelve un generador de temperatura más potente que una caldera o un ventilador funcionando al máximo de sus posibilidades. Piensen en sudor y rojo. He ahí la prueba. He ahí la fiesta.

También la feria vista de lejos sigue siendo fiesta, con sus colores suavizados por la pupila distante, los azules, violetas, amarillos, rojos,…, de los puestos, las luces, los farolillos de papel, todos dispuestos como una membrana protectora de ese minúsculo universo que discurre jubiloso, ajeno a ese otro mundo que queremos pensar más real que la ensoñación festiva, sólo para poder soportar su falta de excitación continua de los sentidos.




 Arpad Szenes


Pero incluso el descanso es embriagador en la fiesta. Y buscamos la caricia lejana de los paisajes infinitos de Arpad. La calidez intuida en el frío. La ternura. Acoger el vuelo del ave o la mano que se nos tiende en la lejanía del tiempo congelado, el que no existe más que en sí mismo, ése en el que no existiremos nosotros jamás.

Y después la tierra, la arcilla, el envés de esa mano introduciéndose hasta el fondo en esa textura de víscera y entraña. La materia de que están hechos los músculos de la Tierra. El corazón universal.


 Arpad Szenes



Y a lo lejos la sedienta lengua del perro junto al pozo rojo. Brillando minúsculos y aún así majestuosos en la inmensidad de la imagen.

Y otra vez el frío. Los blancos, los semi-azules de después del azul. Los claros para intuir la oscuridad, o vencerla.

Convertir dos líneas en algo sublime. Entender su esencial importancia en el todo arquitectónico. Suprimir el giro, la ligereza, el chorro incesante de color para así detener el tiempo. Y el dolor. Pues nada duele en este bálsamo oleoso hecho cuadro y materia de permanencia sutil. Aquí, donde ya no existe la fiesta. Ni el frío. Ni el azul.


 Vieira da Silva


6 de marzo de 1.992. Muere María Helena.

Contra toda xenética e historia,
María Helena Vieira da Silva foi meu pai
aquel día…seis do tres…