jueves, 9 de enero de 2014

Los vientos rutinarios. (Inconclusos 13)



by Svea Anais Perrine


Este  'relato' lleva un par de meses ahí quietecito, esperando paciente a que sople el viento a su favor y me decida a dejarme llevar y terminarlo. Mientras esto no sucede, cuelgo aquí el comienzo, por si cogiera fuerza, y fuelle, y vuelo...y qué sé yo qué es lo que le falta...

Para Leo, que habita el viento, y para Vera, que sin duda sabe cómo reconocer las almas y nombrarlas. Y para Dióscuros, que he descubierto hoy que tenía que aparecer aquí y guiarme hasta la salida ;))




Todo empieza siempre como quien oye llover. Una gota y otra gota y una gota y otra más. Repiqueteo suave en un alféizar, golpe súbito de un pie en esquivo salto, bombardeo sobre las uralitas de un patio de luces. Da igual. Dile como quieras, la vida de afuera es sólo como quien oye llover. O también, podría ser, que todo empieza cuando ese mundo lejano se nos mete aquí y nos cala los huesos, iniciando el encuentro con el indescriptible tintineo de la campanita que la dueña del bar colgó sabe dios cuándo sobre la puerta…

-Para que se sienta el viento que traen las almas- dice cuando alguien pregunta el motivo, mientras busca la fuente del desconcertante sonido.

Desde que colocó ese escuchavientos, por allá pasamos todos, y ella nos reconoce por ese sonidito de campana lejana que hacemos cada uno al entrar. A veces uno de nosotros intenta engañarla tontamente, abriendo la puerta con el cuerpo lo más alejado posible de la mano tramposa, para pasar después bajo un ángulo retorcido. Ilusos. Cuando alguien tiene una ocurrencia de este tipo, ella se para, ladea la cabeza, cierra los ojos, inhala con fuerza, como si quisiera olernos la entraña, y silba. Silba como un viento lejano, muy dulce, el que supongo yo, por cómo maneja ella el mundo, reconoce a los otros vientos y los llama para que le digan su nombre. Y entonces se ríe, y uno se sabe ya descubierto. ‘Buen día, Antonio’, o ‘Cómo le anda, Maura’.
No hay quien pueda con ella. Pero aún así jugamos. Nos gusta sentirnos reconocidos tan de adentro, incluso cuando nos silban de tan lejos.

Cada uno de sus ‘vientos rutinarios’ -así nos llama- acude a sus horas fijas y con sus necesidades concretas, que aunque sean diferentes cada día, en el fondo, son siempre las mismas.   

Al principio, cuando uno acaba de llegar por primera vez al bar, se siente incómodo. Hay un algo molesto en la manera de mirar de acá. Tanto ella como los demás le echan a uno miradas de atraviese. No me malinterprete, no es un gesto violento, ni de rechazo o desprecio, es un sincero buscarte y pura honestidad. Y cuesta acostumbrarse. Yo creo que tardé más o menos un mes, y con todo, seguí viniendo, día tras día, sin poder evitarlo. Arrastrado por una extraña corriente hacia aquí.........

6 comentarios:

  1. No sé si es el caso de Leo, pero en el mío, fijo que si hay un lugar hacia el que se oriente el viento que soy, seguro que ese es un bar. Eolo sin duda era mujer, y regentaba una taberna, si me apuras uno de esos entrañables bar-tienda que tanto nos remontan a la infancia y a los cuales penetramos como en santuarios cada vez que descubrimos uno, ahora que están en extinción. La verdad, este relato promete. Tan solo el ritmo y la ambientación te atrapan. Y espero que nuestro Dióscuros te guíe, porque ya sabes que como todos los gatos era puro viento, y por eso tanto les molestan los otros vientos cuando se interponen en su voluntad. A una mujer fría como yo casi se le saltan las lágrimas al ver la dedicatoria, en fin, tú ya sabes....Querida, gracias por toda esa delicadeza y intusiasmo, creo que ese es tu viento, el que siempre propagas....Besos y quereres para ti!!

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    1. Vera, tu cariño y ternura siempre me desarman. Y si tú me deseas quereres, ya nada puedo temer, vendrán fijo, porque sé que estás confabulada con los vientos y sabes cómo manejarlos y mandarme cosas buenas ;))
      Adoro los bares-tienda de la niñez. Mi favorito es el del maravilloso verano que pasé en una aldea de Lugo, con unos amigos de mis padres. Creo que no he sido más feliz en mi vida, y si alguna vez alcanzo algún cielo, ha de ser ése, con sus campos de amapolas y los paseos de kilómetros para ir a ese mismo bar a llamar por teléfono para que supieran en casa que estaba bien y que era feliz.
      Y adoro la palabra 'ultramarinos' :))
      Esta mañana soñé el final del relato, con los pequeños pasitos de brisa de Dióscuros guiándome, habré de ponerme a favor del viento y dejar que aparezca todo lo demás...

      Gracias por ver ese viento salir de mí, pocas veces me han dicho algo tan bonito. Mira que eres linda!

      Bicachuss a moreas, ruliña, e fermosos quereres para ti tamén ;))

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    2. Casualmente yo también amo la palabra "ultramarinos", palabra que sugiere que una está entrando en la cueva de Ali Baba. Nos remonta a la infancia, a cierta intimidad, al desorden misterioso del bazar. Un relato que tiene su continuidad en los sueños y como guía a Dióscuros ha de ser también asimismo un bazar, el ultramar...Quereres bicos e arrumacos a moreas!

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  2. Creo que el viento, que yo soplo aquí, es el mismo que acaricia la bruma de aquel mar con el que vos y Vera construyen el mundo. Quiero creer entonces que más allá de estar hermanados en la palabra, lo estamos en los gestos con los que nos aferramos a las cosas que realmente valen la pena.
    Sospecho que en el texto (que por otro lado considero hermoso) hay mucho de propio; de propio en tanto escritor que vive lo que escribe. Los bares para mí son, hasta cierto punto, lugares ajenos; lugares en donde nunca termino de identificarme. Paradojicamente, lo primero que haría con vos, Su, es sentarme en un bar a esperar que llegue Vera y tomarnos muchos vinos y charlar y charlar y charlar y charlar y...
    Gracias por la dulzura.

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    1. Qué hermoso que nos veas construir el mundo con mar, Leo, me gusta pensarlo así. No me imagino mi vida de otra manera, sin ese amor salino que todo lo impregna y también todo lo cura. Y sí, las palabras tienen poder, pero son sólo eso, códigos interpretables de múltiples formas, y por tanto, confundibles también de mil maneras; no así los gestos, el viento, el mar, las miradas o las risas. Y de todo eso están llenos los bares, y así me gustaría vernos a los tres -y a todas las buenas compañías que cada uno pueda traer consigo-, sentados en un bar a la orilla del mar, con unos buenos vinos, charla, gestos, risas... aaaay, yo quiero viajar!! Últimamente creo que se me está marchitando un poco el espíritu porque hace mucho que no lo hago, ojalá estos vientos que aquí invocamos propicien un cambio de rumbo y, al menos, un poco de distancia ;))

      (PD: yo he crecido en bares, primero en los de mis padres, y después en todos aquellos en los que me he ido sintiendo como en casa. Es algo así como la familia, que está la de sangre y después la que uno elige. Nada, vénganse de vacaciones y ya verás como te acabas sintiendo como en casa en los bares de acá ;))

      Abrazo grande!!

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    2. Ya mismo me encamino a ese bar(de algún modo los gallegos siempre nos encaminamos a uno....), espero que estén en condiciones para mi recibimiento...jijij...Apertiñas para ambos!

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viajeros que han cogido el tren.......