lunes, 10 de marzo de 2014

...no es un corazón....(O 'los que van a morir' me saludan desde el pasado. -13)

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 (esta entrada la publica hoy Revisora que, haciendo eso mismo, su trabajo, encontró un antiguo texto, de cuando ella era otra y el mundo era otro y los hombres eran otros, y con el que los Morituri de Ferrol le concedieron el grandísimo honor de su lectura, publicación y aprecio. Un saludo a todos ellos y, sobre todo, a todas ellas.)


                         (…no es un corazón...)



("...descubrí a Dios parcial y limitado. Siempre compartiendo su soberanía con un adversario que opta por la vida. Fuerzas de atracción y repulsión, los polos de la Tierra con sus corrientes, el ritmo de las estaciones, el día y la noche, el negro y el blanco... todo es una lucha.
El infierno: contradictoria polaridad perpetuada en nosotros.
El amor: un centro de gravedad oscilando entre cloacas y hemorragias..."
                                                                  La otra parte, Alfred Kubin )



(...sé que lo que tengo entre las piernas no es un corazón, pero a veces late tan fuerte como si fuera el único que tengo... y ya no sé con cuál de los dos amar... ni a quién...)

...lo miro a mi lado y sé que me acompaña sincero, que le gusta estar ahí, que su sonrisa no es automática ni autoimpuesta y que, por más vueltas que le doy, no encuentro pliegue ni doblez alguna en su caricia; sé que cuando llega y estoy en la cocina, sacudiendo la sartén a ritmo de Rubén Blades -... se ven las caras, se ven las caras, vaya, pero nunca el corasón... -, y me agarra por detrás, tan suave y violento, y me descarga todo su aliento en el cuello, no desea más que estar allí donde está, haciendo lo que hace, agarrando a quien agarra, y respirando contra el cuello sobre el que respira; y sé que cuando se va a duchar y le digo "¿por qué mejor no te doy yo un baño?" de repente me quiere más que a su madre - esa otra mujer que lo bañó hace siglos -, y se le pone cara de burrito y se deja hacer...

...pero después de la lucha y de la cena, del baño y la caricia, cuando nos tiramos en el sofá, yo me subo al techo y suspendida me miro a su lado, que deseo estar allí, me gusta... pero no me encuentro más que dobleces y recovecos y cloacas...

...y me veo subida a lo más alto y lejos de mis ojos, contemplando mi Reino, mis Tierras de Adentro, y me descubro allá abajo, desnuda en el Valle del Vientre, multiplicada por mil hombres en la selva y dividida en cada una de las hogueras con que respondo a una sonrisa cómplice de un extraño cruzando la calle, a una mirada de esas que se clavan dardo en las tripas, a un roce de una pierna hirviendo en el autobús...
...y me acuerdo de la amnesia total que me provocó la mano de aquel chico - por no hablar de sus ojos... - que se extendió al compás de la mía sobre aquella joya... (ahí sí que fui una puta, que le sonreí como si acabara de aprender a hacerlo y le dejé llevarse el libro... los dos conscientes de que aquella maravilla desterrada de catálogos no la volvería yo a ver... a menos que me fuese con él... y juro que habría dado lo que fuese por irme con él...)

...y viéndome desde allí arriba me doy cuenta también de que a veces lo trato como si fuera el grifo de la cocina, puesto ahí utensilio para que yo beba... y me acerco a él, y me agacho sobre el fregadero, abro y dejo que salga el líquido elemento, y bebo, sí, pero después cierro el grifo y me olvido al instante de que él se queda ahí, en su sitio, cerrado, mientras yo me voy descalza a otro cuarto... o me quedo también allí, en la cocina, canturreando y cocinando, sin ni siquiera darme cuenta de que las cebollas peladas las recojo del huerto de su mano...

...y enseguida a mi garganta se le olvida que acaba de beber, y se me retuerce de sed, como todo el aire de un tornado encerrado en un puño, y me ahoga fuerte el pecho, y descubro que con él estoy tan a gusto que me entran náuseas y que me quiero morir... o desaparecer...

...y contra el mareo cruzo un túnel, uno donde soñar aquella fuente en Guatemala, otrora cristalino centro del mundo... y pienso en la salvaje boca del flautista, comiéndome los pechos, lamiéndome la mano, silbándome en el pelo... y sus dedos, insectos revoltosos inventando melodías en mi cuello, agarrándome siempre como si me fuera a besar...

(... ¡Vivan los hombres que la agarran siempre a una como si la fueran a besar!...)

...y me imagino en la cima de ese muchacho, convertida en brisa que se mece suave sobre las copas de los árboles, en violento río que alimenta la raíz...

...y pienso también en las increíbles estelas mayas, recuerdo pétreo de ya imperceptibles manos, y en las casas de Antigua, cada una de un color, y en las que cada esquina, ventana o puerta se convierte en excusa para el más refinado adorno, y en sus iglesias y sus santos estrambóticos, y en el Cristo que feliz vestía falda rosa y collares de colores, y una corona no de espinas sino de flores, bendito sea... y en los hombres de Livingston, Caribe negro puro y duro, sensuales bamboleos descalzos sobre las alas de sus bicis, el tambor a cuestas, el fuego en la mirada y la vida entera en la sonrisa...

(...y aquí los unidimensionales siguen creyendo que son pobres...)

...y pienso en la Ceiba, el árbol símbolo nacional, que se agarra al suelo como si fuera una enorme mano retorcida que un dios pájaro hubiera hundido en la arena para sujetar la selva; una mano aferrándose a esa tierra como si fuera la espalda de una madre, para después crecer y elevarse hasta 30 metros por encima de ella... y que se muestra orgullosa de estar ahí, como si en verdad amara con toda su savia esa tierra en concreto, no la tierra en general ni cualquier otra tierra, sino, repito, ESA TIERRA...

...la veo y no puedo evitar pensar que "Ceibe" en gallego significa "libre", y que quizás fue un gallego el que llegó hasta allí y, al ver la determinación con que ese árbol se aferraba a ese suelo, la llamó Ceiba, porque quizás se dio cuenta al verla - no cabe duda de que es una mujer... - de que estaba allí no porque una semilla arrastrada por voluntad de vientos la creció sin pretensiones, inevitable, sino que lo estaba por amor, porque quería y deseaba estar allí, porque ella misma, dirigiendo vientos y corrientes y estaciones, recorrió el mundo en busca de un lugar, el suyo, hasta que descubrió la tierra más hermosa de todas y allí enterró su mano, su raíz...

...completamente libre en la elección...

...y me miro a mí, congelada Ceiba flotando sobre el triste lago del amanecer, con el ancla al lado y esta imposible losa encima, que oprime porque sólo se le talla un nombre a cada estela, y soy yo entonces el tornado encerrado en siete letras, retorcida incluso la sangre...

...y cojo rumbo hacia tiempos no por no vividos olvidados, y sé que no es justo que le diga que le quiero cuando sé que es porque no he querido a otros, lejanos y soñables... porque no he visto a los hombres recoger sus barcas en el Ganges, ni al gaucho afilar su cuchillo en la piedra de la luna, ni me ha cogido al vuelo jinete Mongol alguno, ni he ayudado en Ushuaia al hombre que pone nombres a las cosas, ni he bailado descalza sobre la tierra roja de África en el centro de un círculo de dioses de negra piel y duro hueso...

...no os he conocido a todos para saber dónde debo enterrar la raíz...

...porque sé que no puedo en esencia dejar de desear, que soy incapaz de querer por necesidad... que aunque acepto la reclusión a simple vida, y yo misma incluso aprieto fuerte la cadena del cuello y dibujo mi cara con el maquillaje de la novia, en cuanto me rascas la espalda, amor, o me doblas una esquina, puedes ver el tenebroso manto de punzante escama que protege a los diminutos bichos que con su posibilidad infinita de movimiento me corren por debajo de la piel, los que no me dejan dormir por las noches, los que me caen gota a gota con cada gota de saliva y se me vuelan partícula infinitesimal en cada rayo de sol, los que me atacan desde dentro del pulmón... los que me aterran...

(...y sé que lo que tengo en el pecho es un corazón, pero a veces se me des-late tan hueco, que ya no sé si algún día me servirá para amar... a quién...)


2 comentarios:

  1. Se nos encoge el cuerpo, se dilata el desgarro, pero el desgarro no es del cuerpo. Un abrazo.

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  2. Casi nunca lo es, y quizás sea mejor así...
    Abrazo, Darío.

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viajeros que han cogido el tren.......