miércoles, 21 de octubre de 2015

Conocer el hielo. Intro (y descansar)

Serie de Islandia volcánica, de Andre Ermolaev. 1.



 
Conocer el hielo. 

¿Puede haber ahora mismo tarea más elevada en el mundo que conservar un corazón? No lo creo. En un momento en el que no se escucha, no se ve, y casi no se siente, el hielo aparece por doquier, en todas sus almas y formas, en todos sus bloques y en sus minúsculas burbujas. Anda danzando para decir algo, viene a susurrar una grieta por la que mirar y saltar. Coger aire y respirar. Permanecer por el puro placer de estar. 



                                                                                                   

2.


Invita a levantarse al amanecer un frío día de invierno y salir a buscarlo. Encontrar la huella sobre la que realizar el camino de ida a ese nuevo lugar donde todo es quedo y allí espera. El mejor hogar. La hermosa soledad. La del mirar en torno y no querer aprehender ni atravesar, sólo posar. La de sonrisa plena, construida con finos hilos desde el pecho hasta la cavidad bucal. La de la mente en silencio, el remolino en paz. La del fluir de ríos, por los siglos de los siglos, por la simple necesidad de desembocar. Sin esperar tesoro, recompensa o acumular. Solo llegar al mar. Donde todo el hielo, por naturaleza, debería tener permitido ir a descansar.

Llama a darle significado, encontrar un molde que permita contenerlo sin romperlo. Observar sin degradar. Amar sin erosión. Ver la luz deslizarse sobre su singular superficie o bajar serena hasta el fondo, sin dañar ni resquebrajar el pesado cristal. Rendirse al tacto suave y húmedo del conjunto natural. Desmembrar su densidad exacta, tan ligera, entender el porqué de tan extraña excepción en el centro mismo de la vida.  



                                                                                        3.

Necesito del caminar sobre el hielo, aparecer erguida sin saber cómo he llegado, y al mirar atrás encontrar respuesta sin haber apenas preguntado cómo esa primera fina línea mantuvo la estructura y llegó a cuajar. Cómo la vida se detuvo y permitió al latido quedar suspendido, esperando al acecho, dormido, el momento preciso del despertar. 






'To build a home' de Cinematic Orchestra