miércoles, 31 de agosto de 2016

No se puede decir coyote sin esperar





No se puede decir ‘coyote’ sin esperar polvo y viento. Tampoco se puede estar en el medio de la nada, en medio de la noche, y simplemente esperar. 

Ahí, en esa inmensidad tan grande como el vacío, hay que hacer algo. Vale simplemente estar –que no es precisamente poco hacer-; vale silbar y mirar al cielo; vale tener una guitarra y dejar salir rimas por entre los dientes y extraños ecos por entre las cuerdas; vale incluso esperar, no me malinterpretes, pero hay que esperar a algo o a alguien, no esperar sin más, sin sentido ni razón. Hay que saber qué se está esperando, o al menos intuir que lo que hace uno es justo eso, estar esperando.
Porque ¿cuánta gente no hay por ahí perdida, sin haber dicho jamás la palabra coyote, ni ser capaz de imaginarla ni mucho menos el viento y el polvo, las sombras, la última hora de la tarde o la primera de la mañana,
el horizonte? ¿Cuántos no pasan la vida entera sin ni siquiera saber que lo único que hacen es esperar?
Pues bien, ahora ya sabes que yo sí digo Coyote, y ahora ya sabes también que yo, espero.
Y así, con un coyote, polvo, horizonte, luz de la tarde y luz de la mañana, y viento, mucho viento, de cuclillas, espero. Y confío en poder contar una historia. Todavía no sé cuál es ni cuándo vendrá. Por ahora sólo sé que la espero llegar, pero descuida, que llegará, y habrá historia que contar.


"...In the middle of nowhere, in the middle of the night..."
Coyote, Joni Mitchell