domingo, 30 de septiembre de 2018

Las articulaciones -fragmento- (El esquí nórdico y los actores secundarios. 7.)

de un antiguo libro infantil
 
 
 
 
-¿Te acuerdas de los juegos de manos? - Geordine sonríe.

-¿Qué? -Marcia arruga la cara. El gesto hace difícil diferenciar el asco de la incomprensión.

-Nuestros juegos de manos, cuando éramos pequeñas. Pasábamos horas con aquel cordoncito que nos había dado la tía Mary - Geordine sigue hablando con el buen tono de siempre.

-¿Y a qué viene esa tontería ahora? -Marcia habla con su ¿nueva? aspereza. 

Geordine se hace pequeñita, está incómoda.

-A nada, supongo. Es sólo que me acordé, me gustaba aquello y...-

-Joder, Geordine, sigues igual de idiota que cuando éramos pequeñas. Sólo que más fea.- Marcia sobrepasa los límites de lo áspero. Necesita nuevos adjetivos.

Geordine se olvida constantemente del desprecio de su prima. Geordine, siempre buscando los lugares bonitos de la infancia, los recuerdos que -ella-cree- las unen a algo feliz. Geordine, a la que -una vez más- Marcia le parte la boca de un puñetazo y se dobla por dentro sobre el estómago para no vomitar. Geordine, la que cuando siente eso no hace ni una mueca.

-Supongo que tienes razón - Geordine se levanta, coge su chaqueta y se va. Por primera vez su cabeza no le dice Marcia-tiene-razón-eres-idiota-y-fea-siempre-igual-siempre-con-estas-tonterías-por-qué-no-cierras-el-pico-. Esta vez es su cabeza la que calla, y ella puede empezar a pensar con claridad. Y le ordena a su cuerpo que salga de allí.

Marcia se queda sola en su nueva cocina, no esperaba este contragolpe por parte de Geordine. Habría esperado titubeos, quizá alguna lágrima, el típico 'lo siento' nauseabundo y quejumbroso de la patética Geordine, incluso después de ser ella la humillada. Jamás habría esperado indiferencia, no que se marche. Bien jugado. 

Marcia se queda largo rato recostada en la silla, y se da cuenta de que está sentada como el señor Mince, aquel extraño conductor de autobús que tuvieron durante dos cursos en primaria y del que empezó a haber rumores y después no se supo jamás. Se recostaba en su asiento, echado hacia un lado, con el brazo derecho apoyado en el respaldo en lugar de sentarse recto y manejar correctamente el vehículo. El señor Mince, que tenía siempre un comentario hiriente y sarcástico para todos y cada uno de los niños que entraban en el bus. Para todos menos para ella.

Marcia siente un escalofrío, se endereza. Algo muy lejano -un rumor- le acaba de golpear en la nuca con la palanca de cambios del autobús del colegio. Náuseas. Va corriendo al baño a vomitar. No tiene claro todavía qué acaba de suceder, pero sabe que hay cosas que, de tanto doblarlas, se rompen. No es una rotura brusca, es más bien un desmembramiento. Acaba de desmembrar el último hilillo que quedaba del cordón infantil que la unía a Geordine. Y acaba de recordar cosas. Cosas que, tiene gracia, sólo podría haberle contado a su prima. Vomita otra vez.



                        ...................................................................................

4 comentarios:

  1. Holaaa!!!! Maquinista, qué alegría verte de nuevo. ¿Cómo estás?, ¿Qué tal tu verano?
    Tengo que refresca la historia, jajaaja, comprende que hace bastante tiempo.... pero me encanta volver a leerte.
    Un beso muy grande

    PD Te echaba de menos

    ResponderEliminar
  2. Hola Carmela!!!! Ay, sí, mucho tiempo ya. El verano largo, ha habido de todo, pero ahora bien. Al final estuve por tu tierra, pero no en la ciudad ni pude acercarme. Habrá que repetir viaje ;) Por la historia no te preocupes, lo importante es mandarse bicos y abrazos, eso sí reconforta!
    Gracias por echarme de menos, yo también tu casa, tengo que volver a encender el ordenador de vez en cuando, si no, no puedo dejar pisadita.
    Un besazo y un abrazo bieeeeen grande!!!

    ResponderEliminar
  3. Qué ilusión volver a ver por aquí, y sobre volver a esta historia... sigo enganchado, esperando ver como se desarrollan todos sus habitantes, porque cada vez la historia se enrosca más sobre si misma, esos personajes aislados en esas lejanías de nieve, me parecen caracoles retorciéndose en una olla al vapor. Se me ha quedado atragantado el relato con ese final, el rumor Marcia, del conductor del autobús... tan antipática y de repente consigues que nos salga humanidad a pesar de su tono arisco. Es maravilloso, nada fácil de hacer. He sentido compasión por una villana, y ni tan siquiera sé porqué.
    Lo dicho, Maquinista, un abrazo enorme!!! ¡¡¡¡Que ilusión!!!! (me repito)

    ResponderEliminar
  4. Aka, lo mismo digo, ¡qué ilusión que vengas! ;) Me alegra mucho saber que he conseguido el efecto que deseaba. Ahora ando estructurando lo que falta, iré publicando fragmentos de a poquitos. Tengo que resintonizar con el pueblo y su niebla tóxica.
    Un abrazo bien grandote para ti también!!! Veo que últimamente estás más centrado en Evooikos que en los relatos, pero igualmente muy interesante tu trabajo ;)
    Bicos!

    ResponderEliminar

viajeros que han cogido el tren.......